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Seis meses después de las elecciones que llevaron a Juan Manuel Santos a la presidencia, la situación política colombiana está marcada por el intento del nuevo Presidente y los sectores decisivos de la burguesía de marcar distancias respecto a Uribe y prometer a las masas un cambio profundo en el país. En palabras de la revista burguesa Semana —una de las más críticas con Uribe durante sus últimos años de mandato— estamos ante “la reforma política y económica más ambiciosa desde la Asamblea Constituyente de 1991”.1 No obstante, y por más que Semana y otros medios burgueses intenten exagerar el calado del llamado “Acuerdo nacional” propuesto por Santos, no estamos ante ningún cambio fundamental en los intereses y estrategia de la burguesía colombiana sino ante un giro táctico cuyo objetivo es desviar la atención de las masas y cerrar la crisis política abierta en el seno de la clase dominante durante los últimos años.
La tarea para la izquierda —el Polo Democrático Alternativo (PDA), la CUT, las organizaciones y colectivos sociales (Minga, Congreso de los Pueblos, organizaciones populares…)— es explicar a las masas la auténtica naturaleza y consecuencias de los planes de la burguesía, comprender el potencial de lucha existente en el país y sacar lecciones de lo ocurrido durante los últimos años para no repetir los mismos errores y lograr encauzar este potencial hacia una transformación social revolucionaria.


El giro táctico de Santos

 

El sector más consciente de la burguesía ha sacado la misma conclusión que los marxistas hemos venido explicando durante los últimos años.2 En la sociedad colombiana existe un enorme malestar acumulado que ha empezado a buscar expresión tanto en luchas obreras y populares importantes, como las desarrolladas en 2008 (corteros, trabajadores judiciales, Minga indígena…, que confluyeron en una huelga general masiva el 23 de octubre) o 2009, así como en fenómenos políticos como el crecimiento electoral del PDA en las presidenciales de 2006, sus victorias en 2003 y 2007 en la Alcaldía de Bogotá o, más recientemente, la llamada “ola verde” en torno al candidato Antanas Mockus.3
Detrás de este cambio de táctica también está el interés de sectores de la burguesía por disciplinar sus propias filas y cortar las alas a sectores de la camarilla uribista y de la llamada narcoparaburguesía que empezaban a mostrase demasiado independientes, arrogantes y poderosos. Para dar algo de credibilidad a sus promesas, Santos y la burguesía han empezado cortando algunas cabezas de turco. Varios colaboradores próximos a Uribe durante los últimos años han sido detenidos y están siendo investigados por vínculos con el narcotráfico y los paramilitares. También lo están siendo diversas actuaciones por parte de organismos del Estado como las escuchas ilegales a periodistas y políticos de oposición (“chuzadas”) o el secuestro y asesinato de jóvenes en los barrios populares por parte del ejército para ser trasladados a zonas rurales en conflicto y presentados como guerrilleros muertos en enfrentamientos armados (“falsos positivos”). Al mismo tiempo que se deshacen de algunos competidores en la lucha por el reparto del poder político, los sectores decisivos de la clase dominante intentan hacerle un lavado de cara al conjunto del sistema y recomponer la imagen de honorabilidad de la clase dominante, bastante maltrecha últimamente.
Por el momento, los medios de comunicación burgueses insisten en que Uribe sigue siendo intocable, pero la inquietud en el círculo próximo al ex Presidente crece. Aunque éste en público intenta mantenerse al margen, todo indica que hay una lucha subterránea por el control del aparato del Partido de la U (al que pertenecen ambos) en la perspectiva de las regionales de 2011 y nuevas legislativas y presidenciales en 2014. La intención de Uribe cuando aceptó a regañadientes, y bajo la presión de sectores decisivos de la burguesía colombiana y del propio imperialismo estadounidense, no modificar la Constitución para ser reelegido por tercera vez, era volver al poder en 2014. Pero todo indica que Santos y los sectores que le apoyan tienen una agenda diferente y están intentando ponerla en práctica.
Por el momento, todos los sectores decisivos de la clase dominante parecen haber cerrado filas en torno a Santos y los medios de comunicación son sistemáticamente utilizados para intentar fortalecer su imagen.  El nuevo Presidente y ex Ministro de Defensa, al mismo tiempo que se pone la piel de cordero y aparece denunciando el paramilitarismo (e incluso prometiendo castigo para algunos de sus viejos amigos “paracos”), ha infligido varios golpes militares a las FARC (como el asesinato del Mono Jojoy y algunos otros comandantes) y al ELN, y promete acabar con el conflicto militar. En el colmo de la demagogia, Santos incluso ha anunciado una reforma agraria cuyo objetivo sería devolver tierras arrebatadas por los paramilitares a los desplazados.
El Gobierno ha creado una comisión para estudiar las denuncias presentadas por distintas asociaciones campesinas. Varios miembros de la misma han planteado que al menos 1/3 de las tierras denunciadas deben ser devueltas a sus antiguos propietarios. En el terreno económico, Santos ha prometido aumentar el gasto público y llevar a cabo un plan masivo de construcción de viviendas e infraestructuras para, supuestamente, hacer frente al déficit habitacional y al desastre ocasionado por el fenómeno climatológico “La Niña” durante los últimos meses.


Las relaciones con Venezuela

 

Un último pero no menos importante aspecto es el cambio —al menos por el momento y mientras la lucha de clases no obligue a otra cosa— en la política diplomática hacia Venezuela y Ecuador. Tras el fallo de la Corte Superior de Justicia colombiana declarando anticonstitucional el acuerdo de Uribe con EEUU para la cesión de siete bases militares al ejército estadounidense, Santos se ha comprometido a no volver a presentar ese acuerdo (al menos por el momento) y a retirar la demanda presentada por su antecesor ante el Tribunal de La Haya contra el gobierno venezolano.
Las razones de este cambio también fueron anticipadas por la Corriente Marxista Revolucionaria.4 Amplios sectores de la burguesía colombiana estaban preocupados porque la política de enfrentamiento frontal y provocaciones constantes contra Venezuela seguida por Uribe, bajo influencia del sector más duro del imperialismo estadounidense, amenazaba su segundo mercado más importante. En los dos últimos años de ruptura de relaciones entre ambos países, Colombia ha pasado de ser el segundo exportador de productos hacia Venezuela, superado solamente por EEUU, a ocupar el cuarto lugar tras China y Brasil. La caída de las exportaciones ha sido, según el Instituto Nacional de Estadística (INE) de Venezuela, de un 60,8%. En un momento en el que, además, a causa de la crisis, y el incremento de las tendencias proteccionistas en EEUU, la aprobación del TLC entre ambos países se estaba retrasando y tanto el aporte de las remesas de los emigrantes como el de las exportaciones agrícolas y textiles se veían reducidos, esto ha convencido a un sector de la burguesía colombiana de que era necesario realizar cambios y recuperar las relaciones con Venezuela.
En un contexto en el que, además, otro sector del imperialismo ante la correlación de fuerzas existente en Venezuela y Latinoamérica apuesta —al menos momentáneamente— por una estrategia de desgaste contra la revolución venezolana más a medio plazo, esta posición se impuso entre los sectores decisivos de la clase dominante. Esto no significa —como creen algunos reformistas en Venezuela y otros países— una nueva época en las relaciones entre ambos países. Santos ya ha demostrado en el pasado su capacidad para cambiar de principios como quien cambia de ropa interior. Lo único que le interesa es aquello que proporcione más beneficios a corto plazo a su clase. Si hoy, para recuperar la tasa de ganancias de los capitalistas colombianos, necesita  rebajar la tensión con Venezuela no tiene ningún problema en hacerlo. Mañana, cuando la lucha de clases (en Venezuela y en la propia Colombia) la crisis capitalista, las necesidades de la oligarquía y las órdenes del imperialismo exijan atacar frontalmente a la revolución (y lo harán) no dudará en mostrar los dientes. Por eso mientras reanudan relaciones y negocios, los burgueses colombianos mantienen la campaña mediática atacando a Chávez y la revolución venezolana.


Los planes económicos: Un gran saqueo de los recursos públicos con la excusa de las necesidades sociales

 

Un terreno en el que se ve claramente el cinismo e hipocresía de Santos y la oligarquía colombiana es la promesa de acometer un gigantesco plan de construcción de viviendas. La realidad es que estos planes, presentados por los medios de comunicación burgueses como destinados a resolver los problemas de la población, no son otra cosa que un gigantesco negocio para los capitalistas. Su resultado, de llevarse finalmente a cabo, será el mismo que el de planes anteriores que acabaron con centenares de miles de personas desahuciadas porqué compraron sus viviendas con créditos de los bancos privados pero no podían pagar las hipotecas. Sólo en Bogotá, en 2008 había más de 40.000 familias en esa situación.  
El plan de construir miles de viviendas forma parte de otro más ambicioso para desarrollar obras públicas e infraestructuras. El Estado colombiano haría uno de los mayores desembolsos de recursos de su historia para contratar con empresas constructoras privadas nacionales y extranjeras el desarrollo y restauración de distintas infraestructuras y obras públicas. En la práctica significará saquear al Estado mediante un trasvase gigantesco de recursos públicos a los bolsillos de los capitalistas. Para financiar estos planes de gasto público, el Estado prevé sacar a la venta un 19% de las acciones de la petrolera ECOPETROL, la empresa más rentable del país. El ingreso previsto por la venta de estas acciones representa, según la revista burguesa Dinero, el doble de toda la inversión extranjera directa recibida en 2009. La misma revista mencionaba también un plan para vender edificios y terrenos propiedad del Estado a empresarios privados. Bajo el loable objetivo de reducir gastos, los empresarios se harán “a precio de gallina flaca” con edificios y terrenos públicos con ubicaciones privilegiadas para especular con ellos.
Durante los últimos años la burguesía colombiana ha acumulado una enorme cantidad de capital sobre la base de explotar a los trabajadores (bajos salarios, extensión del trabajo temporal) saquear el estado (privatizaciones…) e incluso canalizando recursos procedentes de actividades ilegales como el narcotráfico hacia el sistema financiero legal. Como ocurre en el resto del mundo, existe una enorme masa de capital acumulado que busca reproducirse lo más rápidamente posible. Una burbuja especulativa es sustituida por otra, casi sin solución de continuidad. Con sus medidas, la burguesía colombiana está preparando una gran burbuja en el sector de la construcción que proporcionará grandes dividendos a corto plazo a los capitalistas y dejará un tremendo lastre de deudas al Estado y a las masas.
La burguesía colombiana también está apoyándose en el incremento de los precios del oro y el petróleo para hacer frente a los efectos de la crisis mundial sobre sus mercados y exportaciones más tradicionales como el textil, agroindustrial o automotriz. El sector minero —sobre todo las minas de oro—, y energético —el petróleo y  la venta de energía hidroeléctrica— han aumentado de forma importante su aportación al PIB y están siendo claves para recuperar el crecimiento (un 4,6% a mitad del año 2010). Para hacer caja, tener más fondos disponibles y poder utilizar al Estado como muleta para ayudar a los empresarios privados, Santos ha aumentado un poco las regalías que deben pagar las multinacionales por explotar estos recursos. Además, como caramelo para las masas, junto a la ya comentada reforma agraria, promete una reforma laboral que erradicaría las cooperativas de trabajo asociado (especie de empresas de trabajo temporal) y fomentaría el empleo estable, así como incrementar la inversión en educación e investigación. En realidad, su objetivo es mantener e incluso incrementar la explotación de los trabajadores aumentando la cualificación de la mano de obra mientras mantienen bajos los salarios. Bajo el discurso de la mejora de la calidad de la educación quieren poner las universidades bajo el control de las grandes empresas privadas y gestionarlas con criterios empresariales, utilizando la investigación universitaria como excusa para explotar a técnicos y científicos como mano de obra barata y sin derechos. La existencia de un movimiento estudiantil que ha estado en primera línea en la lucha contra la represión y el neoliberalismo es un obstáculo a esos planes. De ahí la brutal campaña intentando criminalizar, aislar y desarticular al movimiento estudiantil.5
A corto plazo, las políticas económicas comentadas pueden maquillar las cifras macroeconómicas de crecimiento e incluso provocar la afluencia de algunos capitales especulativos al país y crear cierta sensación de euforia pasajera (como cuando un drogadicto se inyecta una dosis). Sin embargo, una cosa son los deseos y promesas de la burguesía colombiana y otra el margen de maniobra que la crisis internacional del sistema y su propia debilidad y parasitismo permiten. El desempleo sigue siendo el más alto de América Latina (12,5% reconocido oficialmente) y la informalidad supera el 58%. El sistema público de salud y las universidades están al borde de la quiebra. Las diferencias entre ricos y pobres son las mayores de la región y el poder adquisitivo de las masas de los más bajos. En un contexto de creciente lucha por los mercados en todo el mundo, el capitalismo colombiano sigue siendo enormemente dependiente de sus exportaciones hacia otros países y poco competitivo. Pese a que el PIB ha vuelto a cifras positivas este año, las perspectivas para Colombia siguen muy ligadas a lo que ocurra con la economía mundial y el futuro para ésta no es nada halagüeño. Todo indica que los planes de Santos y compañía acabarán igual que todas las tentativas anteriores de la oligarquía colombiana: con nuevos ataques a los niveles de vida de clase obrera y el pueblo y una agudización de la lucha de clases. Ésta se ha dejado sentir con fuerza durante los últimos años, pero por falta de alternativas de los dirigentes del Polo Democrático y la CUT no ha encontrado todavía un cauce.


Las tareas de la izquierda

 

El giro táctico de Santos no sólo ha sorprendido a algunos de sus colegas de la extrema derecha, también ha aumentado el desconcierto que ya existía entre muchos dirigentes reformistas de la izquierda. El PDA está en crisis. A causa de la falta de una genuina política de izquierdas por parte de su dirección, y de los errores cometidos en la Alcaldía de Bogotá durante los últimos ocho años, es bastante posible que pueda perder esta posición clave. El candidato en las pasadas presidenciales, Petro, ha atacado duramente al alcalde de Bogotá por casos de corrupción bajo su mandato pero a su vez Petro defiende aceptar la oferta de diálogo de Santos y llegar a acuerdos en algunas “políticas de estado”. La izquierda del PDA, encabezada por los maoístas de MOIR y el Partido Comunista de Colombia (PCC), se opone y la posibilidad de una ruptura está presente. Si no ha ocurrido es porque nadie quiere aparecer como responsable. El problema es que tanto Robledo, dirigente de MOIR y uno de los senadores con más prestigio del Polo, como  los dirigentes del PCC, aunque critican los aspectos más derechistas de Petro y están más vinculados a las luchas sociales, carecen de un programa marxista y siguen confiando en la posibilidad de un pacto con supuestos sectores progresistas de la burguesía planteando que el objetivo a corto plazo debe ser obligar a la burguesía a instaurar una auténtica democracia burguesa y lograr amplias reformas y mejoras para las masas. Estas ideas no tienen nada que ver con un auténtico programa socialista, y lejos de entusiasmar y hacer consciente de su fuerza a la clase obrera y el resto de los oprimidos crean confusión y minan su moral.
La parálisis de los dirigentes del PDA y la CUT, su negativa a dar continuidad y generalizar la importante movilización de masas de 2008, unificando las reivindicaciones de todos los sectores en lucha (como proponían los dirigentes de la Minga indígena), fue clave para que aquel magnífico movimiento se dispersase y los partidos de la burguesía hayan podido mantener la hegemonía política. Sin embargo, el malestar social es tan grande que nuevas oportunidades llamarán a la puerta. Miles de activistas  están buscando alternativas y lo que predomina es un ambiente muy crítico y reflexivo.
Recientemente, los dirigentes del movimiento asambleario indígena, que encabezaron junto a los sindicatos de la CUT la huelga general de 2008 (la Minga),  lanzaron una iniciativa (el Congreso de los Pueblos) que reunió a más de 21.000 activistas para discutir un programa que unifique las reivindicaciones obreras, estudiantiles y campesinas. Esto demuestra el potencial existente. En este momento no está claro cómo va a evolucionar esta iniciativa. Si cristalizará en una nueva fuerza política o se desarrollará  como un  frente unitario de lucha. En el segundo caso podría agrupar a un sector de activistas —incluidos muchos militantes del Polo— y empezar a unir en la acción a sectores de la vanguardia. Si intentasen construir un nuevo partido y competir  con el PDA, aunque pudiese agrupar a un sector de activistas pero sin un programa claramente socialista y enfrentados a una organización que, con todas sus carencias sigue siendo vista como tradicional por sectores importantes de la clase obrera y la juventud, el resultado más probable sería que sectores importantes de las masas lo percibiesen como una nueva división en la izquierda y se distanciasen. En cualquier caso, como decimos, el primer congreso no decidió nada al respecto y el desarrollo de este movimiento es un síntoma más del ambiente de búsqueda de alternativas que existe.
La tarea para los militantes de izquierda en Colombia es construir un frente único de la izquierda (PDA, CUT, Minga, Congreso de los pueblos…) con un programa socialista que responda a las aspiraciones de los trabajadores y el pueblo, vinculando sus demandas y necesidades más inmediatas (empleo, educación, salud, salarios dignos, reforma agraria que acabe con el latifundio, paz…) con la lucha por otro modelo de sociedad, el socialismo, el único camino para desterrar cualquier forma de opresión y explotación.

 

1. Entonces los dos principales partidos de la burguesía colombiana (liberal y conservador) buscaron integrar a los ex guerrilleros de la Alianza Democrática M-19y consensuar con ellos la actual constitución.
2. Un análisis marxista del incremento de las luchas y el malestar social y de la crisis interna de la burguesía en Desaceleración económica, crisis política y agudización de la lucha de clases, ¿El otoño del patriarca? J.Zabaleta, www.elmilitantecolombia.org
3. Independientemente de sus limitaciones, contradicciones y carácter burgués el candidato del Partido Verde, Antanas Mockus, éste movilizó al menos en un primer momento los deseos de cambio de gran parte de la juventud, sectores importantes de la pequeña-burguesía urbana y capas de trabajadores. Ver El fenómeno Mockus: Una expresión distorsionada de la lucha de clases. D. Zapata, www.elmilitantecolombia.org

4. Los planes imperialistas, las relaciones colombo-venezolanas y la defensa de la revolución bolivariana, W. Sanabria, www.elmilitantecolombia.org

5.  Ver todos los artículos sobre la lucha de la Universidad de Antioquia (UdeA) y sobre las perspectivas para el movimiento universitario colombiano publicadas en www.elmilitantecolombia.org y www.plano-sur.com

 

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