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MALENTENDIDOS QUE DEBEN ACLARARSE

(Carta al comité central de la oposición de izquierda española) 1
7 de marzo de 1932

 

Queridos camaradas:

En los últimos tiempos he recibido de España muchas cartas y documentos en los que se contienen algunos malentendidos entre los camaradas españoles y la mayoría de la oposición de izquierda internacional. Dado el caso, lo mejor es intentar aclarar los malentendidos a tiempo, para distinguir los que son temporales y menores de los que son importantes y afectan a los principios.

1. Los camaradas Lacroix y Nin han tenido un conflicto con el camarada francés Molinier, sobre una cuestión puramente práctica.2 Pensaba y sigo pensando que los camaradas Lacroix y Nin están mal informados de la situación y han lanzado una acusación falsa al camarada Molinier. Por mi parte, me he apresurado a esclarecer este malentendido. He considerado resuelto el incidente, ya que no estaba en juego ninguna cuestión política o de principios.

Las opiniones de los camaradas Lacroix y Nin sobre el camarada Molinier son asunto personal suyo. No creo necesario insistir en este punto.

2. Debido a esto, el camarada Lacroix se confunde cuando piensa que tenemos divergencias respecto del camarada Molinier. No, la divergencia (suponiendo que no sea un simple malentendido) se refiere a la actitud de la Oposición española sobre todas las cuestiones que discute la oposición de izquierda internacional, es decir, las cuestiones de principio fundamentales de la oposición de izquierda. Esto es lo único que me interesa.

3. La experiencia nos demuestra que existen en las filas de la oposición de izquierda de diferentes países, elementos que divergen totalmente con nosotros. El ejemplo de Gorkin3 demuestra que no basta la simple aceptación de los principios de la oposición de izquierda. Las organizaciones y los revolucionarios se controlan en su propio trabajo, es decir, en la aplicación de los principios. Debido precisamente a esto es como ciertos acontecimientos sin importancia pueden aclarar crudamente la actitud de tal o cual persona, de tal o, cual organización, en el sentido en que un síntoma aparentemente nimio a menudo revela una enfermedad grave. Voy a ponerles un ejemplo respecto a esto. Como ustedes sabrán ha aparecido en Alemania un partido socialista de izquierda, Sozialistische Arbeiterpartei (S.A.P.).4 Sus dirigentes aceptan la dictadura del proletariado y el sistema soviético. Urbahns, que antes estuvo con nosotros, se ha confundido al creer que este reconocimiento era la prueba del carácter comunista del nuevo partido. Sin embargo, los periodistas de ese partido tratan como «camaradas» a Otto Bauer5 y Léon Blum, conocidos mercenarios del imperialismo francés. Se me podrá objetar que el empleo de la palabra «camarada» no tiene importancia comparado con el reconocimiento de la dictadura del proletariado y el sistema soviético. Mi opinión es que el reconocimiento de la dictadura del proletariado y el sistema soviético no son más que palabras en la boca de los dirigentes del, S.A.P., mientras que la pequeña expresión «camarada», deja ver perfectamente cuáles son sus reales sentimientos. Hay que darse cuenta que en política hay que saber orientarse por detalles tan insignificantes, antes de que ocurran acontecimientos más importantes que serian la prueba irrefutable.

4. Rosmer, Naville, Girard y los otros en Francia; Landau en Alemania y Overstraeten en Bélgica, estaban de acuerdo con todos los «principios» de la oposición de izquierda. Pero en la práctica no estaban de acuerdo con nada. Rosmer, Naville6 y los demás se opusieron sistemáticamente a las ideas de la oposición de izquierda, y a todas las tentativas que llevábamos a cabo para acercarlos al partido, al sindicato y a la organización internacional. Han impedido así el éxito de la oposición de izquierda.

La lucha contra ellos ha durado más de año y medio. En los diferentes países han apoyado a todo aquel que estuviese en desacuerdo con nosotros, construyendo paralelamente su propia fracción y paralizando nuestro trabajo. La ruptura con ese grupo, que estaba en desacuerdo con nosotros, ha sido inevitable,. y yo no he dudado ni un solo instante en consumarla, a pesar de que estaba íntimamente ligado a Rosmer por una amistad personal que duraba más de quince años.

5. Los camaradas de la Oposición española, ¿conocen el proceso de la lucha contra Overstraeten, Urbahns, Landau, Rosmer, Naville y los demás? No me refiero exclusivamente a los dirigentes, sino a toda la organización en su conjunto. Si los españoles no han sido informados de esta lucha habría que considerar este hecho como extrema debilidad. No podemos formar verdaderos revolucionarios sin dar a los jóvenes comunistas la oportunidad de seguir día a día la elaboración de la política revolucionaria, no sólo en el seno de la Oposición española, sino en el conjunto de las secciones de la Oposición internacional. Esta es la única forma de adquirir experiencia, de forjar y consolidar su conciencia revolucionaria. De hecho esta es la tarea más importante del régimen democrático del partido que nos esforzamos por establecer.7

6. Al preguntar si los camaradas españoles están informados del curso de las luchas ideológicas internacionales, me veo obligado nuevamente a referirme a pequeños incidentes, que tienen gran importancia desde mi punto de vista, en calidad de síntomas. Después que Landau abandonase él mismo nuestras filas, después de que Rosmer hubiese desertado de nuestra organización, ustedes seguían citando a los dos como colaboradores de su revista (Comunismo).8 Este hecho me ha sorprendido mucho. ¿Qué dirían ustedes si los periódicos de la Oposición francesa o alemana mencionaran a Gorkin entre sus colaboradores? Seria un gesto de poca consideración para con nuestros amigos españoles. He planteado esta cuestión a Lacroix y me ha contestado que no era m á s que un malentendido. Pueden ustedes estar seguros de que ni por un momento he intentado exagerar la importancia de este error. Sin embargo, he llegado a la conclusión de que nuestros amigos españoles no están aún lo suficientemente atentos a la vida de la Oposición internacional. Estarán ustedes de acuerdo en que de la misma forma que no se puede construir el socialismo en un sólo país, tampoco se puede llevar una política marxista en un solo país.

7. Han aparecido otros detalles que me han hecho temer que este asunto sea más serio de lo que en un principio me había parecido. Está especialmente claro en la cuestión de la constitución del Secretariado internacional. Este problema no data de ayer. Es una larga historia. Sobre esto hay innumerables textos, escritos sobre todo por mí. Me siento una vez más obligado a preguntar si estos textos son conocidos por los camaradas españoles. ¿Han sido traducidos al español?

Es cierto que yo mismo he encontrado algunos camaradas en las filas de la oposición de izquierda, que hablan peyorativamente de las luchas internas, calificándolas de enredos y maniobras. Estos camaradas no han aprendido nada de la escuela de Marx y Lenin. Si queremos estar preparados para las grandes luchas, debemos permanecer inflexibles en todas las cuestiones de principio, incluso en las de menor importancia. Suele ocurrir que los camaradas que califican falsamente de maniobras a las luchas sobres los principios, son los mismos que demuestran sus aptitudes de maniobreros cuando se les molesta. La falta de interés por las cuestiones de principio, así como la susceptibilidad exagerada en los problemas personales, son las características de muchos de aquellos que han ido a caer en las filas de la oposición de izquierda por casualidad.

8. Sin ninguna duda, uno de estos personajes llegados por casualidad es el camarada Mill. Debido a la falta de camaradas que hablasen ruso en otros países, la Oposición rusa se vio obligada a recurrir a Mill, a quien conocía escasamente, para representarla oficialmente en el Secretariado internacional.9 El camarada Mill aceptó este puesto. Yo mantenía una permanente correspondencia con el grueso volumen con todas las cartas que le he escrito. Las respuestas del camarada Mill me han demostrado no sólo que carece de la más elemental formación revolucionaria, que no comprende en absoluto el significado y la importancia de la organización, sino también que ni quiere ni puede llegar a aprender el ABC de la política comunista. Mill sabe repetir fácilmente las ideas generales sobre el socialismo en un solo país, pero cuando se trata de defender una línea política clara, cambia de postura bajo la influencia de una especie de temperamento irreprimible.

Durante muchos meses, el camarada Mill ha participado en la lucha contra Landau y Naville, y su dirigente Rosmer. Podría pensarse que Mill había comprendido el significado de esta lucha, que condujo a la ruptura con toda una serie de grupos y de personas.10 Sin embargo esto no le ha impedido proponer por carta a Rosmer la formación de un bloque contra la dirección de la Ligue francesa y contra la Oposición rusa.11 Si pretende juzgarse seriamente esta forma de actuar, sólo puede ponérsele un nombre: traición. Un hombre capaz de semejantes cambios políticos, no merece ser reconocido como revolucionario. Camaradas, ¿estáis de acuerdo o no?

Para ganar tiempo, mantuve la correspondencia con el Secretariado internacional en ruso, a través del camarada Mill. El camarada Mill ha engañado sistemáticamente al secretariado escondiendo las cartas que contenían propuestas, puntualizaciones y críticas que no le convenían, al tiempo que se apoyaba en determinados pasajes aislados de su contexto, que podía utilizar en contra del secretariado.

10. La Oposición rusa ha roto con Mill. La sección francesa ha considerado inadmisible su forma de actuar, la sección alemana le ha condenado enérgicamente, la sección belga ha condenado a Mill, y la italiano, por medio del camarada Souzo,12 miembro del S.I. ha condenado el bloque Mill‑Rosmer. ¿Está al corriente de esto la Oposición española?, ¿si o no? Espero que si. Entonces, ¿cómo se explica el hecho de que el comité central de la Oposición española haya propuesto al camarada Mill para represen­tarla en el secretariado internacional?

Una actuación de este tipo, reviste el carácter de declaración de enemistad política con las secciones rusa, francesa, alemana, belga y otras secciones nacionales, cuyas decisiones sobre este punto sin duda no tardarán en producirse. Está claro que ustedes creen que tienen una divergencia seria con nosotros; tienen no sólo el derecho, sino el más estricto deber de expresarlo tanto en palabras como en actos. En ese caso deben expresarse clara y abiertamente.

11. Su apoyo al camarada Mill me parece inexplicable además por las siguientes razones: El camarada Mill escribió desde España dos cartas en las que colocaba en el mismo plano a la oposición de izquierda y a la de derecha, induciendo, de esta forma, a error, a toda la oposición de izquierda.13 Es difícil de imaginar una confusión más escandalosa, sobre todo proviniendo de un secretario permanente. Cuando protesté por estas cartas, el camarada Mill me contestó que habla sido mal orientado por el camarada Nin. ¿No queda claro con esto que Mill no ha hecho más que subrayar su total incapacidad para juzgar él mismo sobre las cuestiones políticas más elementales?

Yo propuse la redacción colectiva de un manifiesto internacional sobre la revolución española. A pesar de mi insistencia, el camarada Mill no ha movido un dedo a favor de esta importante tarea, ya que había concentrado toda su atención en la lucha fraccional y las maniobras de pasillo contra las más importantes secciones de la Oposición internacional. Estos son los hechos. ¿Cómo se puede explicar entonces la desconfianza que habéis demostrado respecto a las secciones francesas, rusa, alemana, belga y otras de la oposición de izquierda? Para hacer algo como esto, debéis tener serias divergencias de principio. Las nuestras las acabo de exponer, y no es la primera vez. Espero con el mayor interés y con toda mi atención vuestras consideraciones de principio.

12. Me conformaría solamente con hacer alusión a otro episodio. Habéis votado en contra de la entrada en el secretariado internacional del representante de la oposición rusa, el camarada Markine,14 debido a que pertenece a la fracción Molinier‑Frank, la misma que yo. Nosotros trabajamos en completa solidaridad con él. ¿Qué motivos tenéis para privar a la Oposición rusa de su representación en el secretariado internacional? Debéis tener razones de peso. Por favor, explicadlas. Les concederemos toda nuestra atención.

En su última carta, el camarada Lacroix me pidió que no insistiera sobre la cuestión del camarada francés M., con el cual había tenido la diferencia citada anteriormente. Estoy totalmente de acuerdo y creo que podemos dejar de lado los pequeños episodios de carácter personal que no tienen una significación política o de principio.

El camarada Lacroix dice en su carta que la conferencia internacional debe ser la que resuelva las cuestiones en discusión. Esto es cierto. Sin embargo, la conferencia internacional debe prepararse en todas las secciones nacionales por medio de la discusión de las diferencias políticas y organizativas. Debido a esto es por lo que me he dirigido a vosotros, queridos camaradas, a través de esta carta, de la que he enviado copia a las direcciones de todas las secciones nacionales. No dudo que gracias a la unión de todos nuestros recursos seremos capaces de resolver los malentendidos y de encontrar un lenguaje común con vosotros.

Saludos comunistas.
León Trotsky

 


Notas

1 Esta carta fue llevada a Madrid por la delegación del S.I., International Bulletin de la C.L.A., nº 17, abril de 1933.

2 Se trata de Raymond Molinier, y de sus promesas no llevadas a cabo de una ayuda financiera regular a El Soviet.

3 Antiguo responsable del P.C. español, Julián García Gómez, llamado Gorkin, había sido excluido del P.C.F. por actividad fraccional (I'Humanité, 21 de diciembre de 1929). Traductor al español de la obra de Trotsky La revolución desfigurada, se solidarizó con la Oposición de izquierda, comenzando a colaborar regularmente en La Vérité. Sin embargo, tardó en volver a España. Fue acusado de no plegarse a la disciplina de la Oposición, sobre todo en sus trabajos literarios. En junio de 1932 sería expulsado de la Oposición de izquierda. Se adhirió entonces a la agrupación autónoma de Madrid, después a la Federación comunista ibérica, creada alrededor de la Federación catalana.

4 El S.A.P. había sido fundado durante una conferencia de la Oposición de izquierda del partido socialdemócrata alemán, el 4 de octubre de 1931.

5 Otto Bauer era el principal dirigente y teórico del partido socialdemócrata austríaco y del «austro‑marxismo».

6 Esta enumeración contiene algunos datos sorprendentes. La primera alusión a «Naville» puede referirse a Pierre Naville, que se había aliado con Rosmer en contra de Molinier, en el seno de la Ligue. «Girard» puede referirse a «Gérard», Francis Gérard, seudónimo de Gérard Rosenthal, ligado a Pierre Naville durante todo este período. Sin embargo, la segunda alusión no puede referirse más que a su hermano, Claude Naville, el cual había roto efectivamente con la Ligue en abril de 1931, para pasar a formar la Gauche Communiste, que publicaba el boletín El Communiste, que se reclamaba de Rosmer, hasta el punto de que normalmente se le llamaba «el grupo Rosmer».

7. En junio de 1931, la,Gauche Communiste había tomado contacto con Kurt Landau, por medio de Etcheberri, introducido por Rosmer. Sin embargo, él no pertenecía formalmente al grupo. La Gauche Communiste mantenía relaciones amistosas con la Federación de Charleroi y el grupo griego Spartacus. Paul  le Pape (Dániel Lévine), uno de sus dirigentes, colaboraba de vez en cuando en el Rouge et Noir de Van Overstraeten y en La Batalla. Entre abril y junio de 1932, Landau y Etcheberri propusieron a la Gauche Communiste la unificación de los grupos oposicionistas que estaban en contra de Trotsky. Pero las conversaciones no llegaron a terminarse, ya que Daniel Lévine obtuvo de Trotsky la seguridad de que no se trataba de construir un «nuevo partido» como, según creía, lo deseaba Reymond Molinier. En esta época, Claude Naville acompañó a Landau a Berlín para intentar convencer a los alemanes de la «oposición de Wedding» de unirse a escala internacional. (Carta de Paul le Pape, 27 de noviembre de 1972.)

Lacroix, en nombre del C.E. español, había respondido a este reproche de Trotsky en una carta del 17 de enero de 1932, reconociendo que la Oposición española «no había tomado parte activa» en el debate internacional, invocando la represión y el trabajo práctico. Escribió: «No se nos puede criticar por no haber prestado una especial atención a los problemas internacionales de nuestra organización, incluso ahora no podemos intervenir en todas estas cuestiones; nuestro trabajo exige una actividad completa y, si queremos aprovechar las actuales circunstancias para construir una verdadera Oposición de izquierda, no tenemos ni un minuto que perder. (Archivos Vercecken.)

8 Comunismo, n.º 4, septiembre de 1931.

9 Mill había nacido en Ucrania, cerca de Millerovo, el pueblo natal de Trotsky.

10 Emigrado en principio en Palestina, había llegado a Francia y a través de la Ligue communiste, junto con otros militantes del «grupo de lengua judía» llamado corrientemente «grupo judío». Fue la alianza con el «grupo judío» la que le permitió a Molinier y Frank, tomar la dirección de la Ligue, apartando a Rosmer y P. Naville.

11 El 18 de agosto de 1931, Mill había dactilografiado una carta a Rosmer, en nombre del «comité del grupo judío» en la que decía fundamentalmente: «Es urgente e indispensable su intervención directa para que la Ligue salga del "impasse" a la que le ha llevado la dirección Molinier‑Frank; para unir todas las fuerzas oposicionistas de Francia sobre la base de la experiencia de la Oposición francesa e internacional y para instaurar un régimen sano en nuestra organización. Hemos decidido hacer todo lo posible y apoyar toda iniciativa que puede actuar en el sentido de la regeneración de la Ligue francesa y de su periódico, La Verité». (Boletín interno de la Ligue, nº 4, 193l.) Señalemos en este mismo número, aparte de la respuesta de Molinier y Frank a este texto, una carta de Roman Well, uno de los hermanos Sobolevicius, del que en esta época se ignoraba que era uno de los principales agentes de la G.P.U. infiltrado en las filas de la Oposición de izquierda: «¡No podemos permitir que se desgarren las fuerzas de la Oposición internacional dé izquierda a causa de seguir ocupándonos de estériles suciedades personales!» Fue, sin duda, bajo la presión de estos dos agentes ‑según Frank, bajo la amenaza de chantaje sobre su familia que aún permanecía en la U.R.S.S.- cómo Mill comenzó a flaquear políticamente hasta el punto de empezar a negociar su vuelta a la U.R.S.S. a cambio de una parte de los archivos de Trotsky. Pero el proyecto fue descubierto. Mientras un grupo de responsables ‑Molinier y Naville‑ retenían a Mill en su casa, Frank iba a recuperar los documentos, que aún no habían sido enviados. Desenmascarado por los trotskistas, y, por añadidura, en situación ilegal en Francia, Mill volvió a Rusia, donde se perdió su rastro (los colaboradores de Trotsky buscaron en vano su foto para comprobar si no era uno de los acusados-comparsa del Proceso de Moscú). Seguramente no era un agente de la talla de Sobolevicius, sino un ser débil e influenciable que se desmoralizó rápidamente al ocupar un puesto para el que nadie le había instruido. En la prensa de la Oposición (La Vérité, 6 de octubre de 1932) apareció una nota redactada por Trotsky, firmada Gourov, desenmascarando a Mill como «agente estalinista».

12Seudónimo de Alfonso Leonetti, miembro de S.I.

13 Alusión a las cartas de España firmadas J. Obin y Mill, publicadas en 1931 en La Vérité

14 Marquin,, nombre de un marinero al cual rinde Trotsky un emocionado homenaje en Mi Vida, era el seudónimo de León Sedov, hijo y colaborador de Trotsky, editor del Boletín ruso. En una carta al S.I. y a Trotsky, Lacroix, en nombre del C.E. español, había pedido que la Oposición española fuese representada en el S.I. por Mili (archivos Vereecken). Para Trotsky, si los españoles sostenían a Mill, era contra Sedov. Cuarenta años más tarde, J. Andrade, en el prefacio a los escritos de Nin «Los problemas de la revolución española», p. 21, dice: «La composición del secretariado internacional, en el que dominaba la Oposición rusa, que prácticamente no existía, había provocado siempre nuestras reservas».

 

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