Los kornilovistas y los estalinistas españoles

No consta fecha. ¿Finales de 1932?

 

La Pravda sigue guardando el silencio sobre Alemania. En cambio, el 9 de septiembre publicó un artículo sobre España. Dicho artículo es muy instructivo. Es cierto que no arroja gran luz sobre la revolución española, pero pone de relieve las convulsiones políticas de la burocracia estalinista. Ese artículo dice: "Después de la derrota de la huelga general de enero, los trotskistas [siguen aquí los insultos de ritual, L.T.] afirmaron que la revolución estaba vencida, que se había iniciado el periodo de decadencia". ¿Es verdad esto? Si en España hay revolucionarios tan lamentables que en enero de este año se dispusieron a enterrar la revolución no tendrían ni podrían tener nada de común con la Oposición de Izquierda. El revolucionario puede considerar como terminado el período histórico sólo cuando los síntomas objetivos no dejan lugar a ninguna duda. Sólo los impresionistas, no los bolcheviques?leninistas, pueden hacer pronósticos pesimistas basándose en la propia depresión de espíritu.

En nuestro folleto La revolución española y sus peligros examinamos la cuestión de la línea de desarrollo de la revolución española y de sus posibles ritmos. La revolución rusa llegó al punto culminante a los ocho meses. Pero este plazo no es obligatorio ni mucho menos para la revolución española. La gran revolución francesa sólo al cuarto año dio el poder a los jacobinos. Una de las causas del lento desarrollo de la revolución francesa era la circunstancia de que el propio partido jacobino iba formándose en el fuego de los acontecimientos. Esta condición existe asimismo en España: en el momento de la proclamación de la República el Partido Comunista estaba en mantillas. Tanto por este motivo como por otras consideraciones, considerábamos como probable que la revolución española se desarrollaría lentamente, a través de una serie de etapas, entre ellas la parlamentaria.

Recordábamos al mismo tiempo que la órbita de la revolución se compone de avances y retrocesos parciales. El arte de la dirección consiste en no dar la orden de atacar en el momento descendente y no dejar pasar el momento ascendente. Para ello es necesario ante todo no identificar las oscilaciones parciales, "de coyuntura" de la revolución, con su órbita fundamental. Después de la derrota de la huelga general de enero se produjo indudablemente en España un descenso parcial de la revolución. Sólo los charlatanes y aventuristas pueden ignorar esos momentos de reflujo. Pero sólo los cobardes y los desertores pueden hablar en ese caso de liquidación de la revolución. El revolucionario es el último que se retira del campo de batalla. Quien entierra una revolución viva merece ser fusilado.

Fue a consecuencia del descenso y estancamiento temporales de la revolución española como surgió un nuevo impulso de la contrarrevolución. En el desarrollo de todas las revoluciones se han observado derivaciones dramáticas parecidas. Después de la derrota en una gran contienda, las masas se retiran y se calman. Una dirección insuficientemente templada se inclina con frecuencia a exagerar las proporciones de la derrota. Todo ello anima a la contrarrevolución. Tal es la mecánica política de la intentona monárquica del general Sanjurjo. Pero precisamente el hecho de que los peores enemigos del pueblo salgan a la palestra, despierta a las masas, como estimuladas por un latigazo. Además, en estas circunstancias, la dirección revolucionaria se ve sorprendida con frecuencia por los acontecimientos.

"La rapidez y la facilidad con que fue liquidado el levantamiento monárquico -dice la Pravda? atestigua que las fuerzas de la revolución no han sido abatidas. En los acontecimientos del 10 de agosto la revolución recibió un nuevo impulso." Es completamente exacto; se puede incluso decir que es el único párrafo acertado que hay en todo el artículo.

¿Se vio el partido comunista español oficial sorprendido por los acontecimientos? Hay que contestar afirmativamente, basándose de un modo exclusivo en el testimonio de la Pravda. El artículo lleva el título "Los obreros vencen a los generales". Es indudable que sin la acción revolucionaria de los obreros contra la intentona monárquica habría ido a la cárcel no Sanjurjo, sino Alcalá Zamora. En otros términos: con su sangre y su heroísmo los obreros ayudaron a la burguesía republicana a mantener el poder en sus manos. Fingiendo no darse cuenta de este acto, la Pravda dice: "El Partido Comunista se esfuerza en llevar su lucha [ ... ] contra las intentonas de la derecha en forma que no preste ni sombra de apoyo al gobierno contrarrevolucionario actual." A lo que tiende el partido es cuestión aparte. Ahora de lo que se trata es del resultado de sus esfuerzos. El ala monárquica de las clases poseedoras intentó derribar el ala republicana, a pesar de que [gracias a que] los republicanos lo que más temían era disgustarse con los monárquicos. Pero aparece en escena el proletariado. "Los obreros vencen a los generales". Los monárquicos salen para la deportación, los republicanos burgueses se quedan en el poder. ¿Cómo se puede afirmar ante estos hechos que el Partido Comunista no ha prestado "ni una sombra de apoyo al gobierno contrarrevolucionario actual" ?

¿Se deduce de lo dicho que el Partido Comunista había de lavarse las manos ante el conflicto entre los monárquicos y los republicanos burgueses ? Semejante política equivaldría al suicidio, como lo vimos en la experiencia de los centristas búlgaros en 1923. Pero los obreros españoles, al emprender la lucha decidida contra los monárquicos, podían dejar de prestar un apoyo temporal a sus enemigos, los republicanos burgueses, sólo en un caso: en el de que hubieran sido suficientemente fuertes para tomar el Poder. Los bolcheviques rusos, en agosto de 1917, eran incomparablemente más fuertes que los comunistas españoles en agosto de 1932. Pero aún los bolcheviques no tenían la posibilidad de adueñarse del poder en la lucha contra Kornilov1. Gracias a la victoria de los obreros sobre los kornilovistas el gobierno de Kerenski subsistió aún dos meses. Recordemos de nuevo que incluso destacamentos de marinos bolcheviques protegían el Palacio de Invierno de Kerenski contra los kornilovístas.

El proletariado español fue suficientemente fuerte para aplastar el levantamiento de los generales, pero excesivamente débil para tomar el poder. En estas condiciones la lucha heroica de los obreros no podía dejar de reforzar, por lo menos temporalmente, al gobierno republicano. Sólo los sujetos sin nada en la sesera, que sustituyen el análisis de los acontecimientos por las frases de cajón, son capaces de negarlo.

La desdicha de la burocracia estalinista consiste en que, tanto en España como en Alemania, no ve las contradicciones reales en el campo enemigo. Esto es, no ve las clases vivas y su lucha. El "fascista" Primo de Rivera fue sustituido en el poder por el "fascista" Zamora, aliado con los "socialfascistas". Con una teoría tal no tiene nada de sorprendente que el conflicto entre monárquicos y republicanos, provocado por la presión de las masas, coja desprevenidos a los estalinistas. Obedeciendo a su instinto, las masas se lanzaron a la lucha arrastrando tras de sí a los comunistas. Y después de la victoria de los obreros sobre los generales, la Pravda se puso a recoger los tiestos de su teoría para pegarlos de nuevo como si nada hubiera ocurrido. Este es el sentido de la jactancia necia, consistente en decir que el Partido Comunista no permite "ni una sombra de apoyo" al gobierno republicano. En realidad, el Partido Comunista no sólo prestó un apoyo subjetivo al gobierno, sino que, como permite verlo el mencionado artículo, no supo ni tan siquiera desolidarizarse subjetivamente de él. He aquí lo que leemos a este propósito: "No en todos los eslabones del Partido, no en todas las organizaciones provinciales se consiguió que el Partido diera la cara en el grado suficiente ni oponerlo a las maniobra de socialfascistas y republicanos, mostrando que el Partido lucha no sólo contra los monárquicos, sino también contra el gobierno republicano que encubre a estos últimos."

Sabemos suficientemente, por toda la literatura de los estalinistas, lo que en estos casos significan las palabras "no en todos los eslabones", "no en todas las organizaciones", etc.: es el modo habitual de cubrir la cobardía del pensamiento, Cuando, el 15 de febrero de 1928, Stalin reconoció por primera vez que el kulak no era una invención de la Oposición de Izquierda, escribió en la Pravda : "En algunos distritos", "en algunas provincias"... ha levantado la cabeza el kulak. Como los errores parten únicamente de los ejecutores, se descubren inevitablemente "en algunos sitios". Además, el Partido se representa como una simple suma de grupos provinciales.

En realidad, el extracto que hemos reproducido, si se le limpia de la fraseología burocrática, significa que en la lucha con los monárquicos el Partido Comunista no supo "dar la cara"; no supo aparecer enfrente de los socialfascistas y republicanos. En otros términos, el Partido no sólo prestó un apoyo temporal al gobierno de los republicanos burgueses y de los socialdemócratas, sino que no supo reforzarse políticamente a sus expensas en el proceso de la lucha.

La debilidad del Partido Comunista, como resultado de toda la política de la IC de epígonos, no permitió que el proletariado tendiera la mano hacia el poder el día 10 de agosto de 1932. Al mismo tiempo el Partido se vio obligado a participar, y participó, en la lucha como ala izquierda del frente común temporal, en cuya ala derecha se hallaban los republicanos burgueses. La coalición gubernamental no se olvidó ni un momento de dar su "cara", frenando la lucha, conteniendo a las masas y pasando inmediatamente de la victoria sobre los generales a la lucha contra los comunistas. Por lo que a los estalinistas españoles se refiere, según atestiguan los estalinistas rusos, no supieron mostrar que "el Partido lucha no sólo contra los monárquicos, sino también contra el gobierno republicano".

Este es el nudo de la cuestión. En víspera de los acontecimientos, el Partido metía en un mismo cesto a todos los enemigos y adversarios. Pero en el momento agudo de la lucha tomó el mismo color de los adversarios, fundiéndose temporalmente en el frente republicano?socialdemócrata. Sólo quien no haya comprendido hasta ahora la naturaleza política del centrismo burocrático es capaz de sorprenderse de esto. En teoría (si en general está permitido emplear aquí esta palabra) se preserva de las tentaciones oportunistas renunciando, en términos generales, a las diferencias de clase y políticas, Hoover, Papen, Vandervelde, Gandhi, Rakovsky son todos ellos unos "contrarrevolucionarios", unos "fascistas", unos "agentes del imperialismo". Pero cada nuevo giro radical de los acontecimientos, cada nuevo peligro obliga prácticamente a los estalinistas en lucha con unos enemigos a caer de hinojos ante otros "contrarrevolucionarios" y "fascistas".

Ante el peligro de guerra, los estalinistas votan en Amsterdam2 por la resolución diplomática, hipócrita y pérfida del general Chanaich, de los masones franceses y del burgués indio Patel, para quien Gandhi constituye un ideal insuperable. En el Reichstag alemán los comunistas se muestran inopinadamente dispuestos, a votar por un presidente socialfascista; es decir, que se colocan completamente sobre el terreno de la teoría del "mal menor". En España los estalinistas en el momento de peligro se muestran incapaces de aparecer opuestos a los republicanos burgueses. ¿No es evidente que nos hallamos en presencia no de errores accidentales, no de "eslabones" aislados, sino de un vicio orgánico del centrismo burocrático?

La intervención de las masas obreras en el conflicto entre dos campos explotadores dio a la revolución española un serio impulso. El gobierno de Azaña se vio obligado a decretar la confiscación de las tierras de la nobleza española, medida de la cual unas semanas antes se hallaba más lejos que de la vía láctea. Si el Partido Comunista distinguiera las clases reales y sus agrupamientos políticos, si previera el desarrollo real de los acontecimientos, si criticase y desenmascarase a los adversarios por sus pecados y crímenes objetivos, las masas habrían visto en la nueva Reforma agraria del gobierno de Azaña el resultado de la política del Partido Comunista y se habrían dicho: "¡Hay que marchar adelante y valientemente bajo su dirección!"

Si el Partido adoptara decididamente el camino del frente único, impuesto por toda la situación, y criticara a la socialdemocracia no por su fascismo, sino por su debilidad, sus vacilaciones y su perfidia en la lucha contra el bonapartismo y el fascismo, las masas aprenderían en la lucha común y en la crítica y seguirían cada vez con más decisión al Partido Comunista.

Con la política actual de la IC, las masas, a cada nuevo giro de los acontecimientos, se convencen no sólo de que los enemigos y adversarios de clase no hacen lo que habían predicho los comunistas, sino que el propio Partido en el momento grave renuncia a todo lo que había enseñado. Por esto no se refuerza la confianza en el Partido Comunista y por esto surge particularmente el peligro de que la Reforma agraria de Azaña beneficie políticamente a la burguesía y no al proletariado.

En condiciones excepcionalmente favorables la clase obrera puede triunfar aun con una mala dirección. Pero las condiciones particularmente favorables se presentan raramente. El proletariado debe aprender a triunfar aun en condiciones menos favorables. Ahora bien, la dirección de la burocracia estalinista, como lo atestigua la experiencia de todos los países y lo confirma la de cada nuevo mes, impide al comunismo aprovecharse incluso de las circunstancias favorables, de reforzar sus filas y maniobrar activamente, orientándose con acierto en el agrupamiento de las fuerzas enemigas, semienemigas y aliadas. En otros términos, la burocracia estalinista se ha convertido en el obstáculo interno más importante con que la revolución proletaria tropieza en su camino.

 


Notas.

1. Kornilov, generalísimo de los ejércitos zaristas en 1917; intentó sofocar la revolución rusa mediante un ataque armado en agosto de 1917.

2. Congreso mundial contra la guerra, convocado por Henri Barbusse y Romain Rolland, bajo la inspiración de la Internacional Comunista, que se celebró en agosto de 1932 en Ámsterdam.

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