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El ejército no es más que un elemento de la sociedad y padece todas las enfermedades de ésta;

sobre todo cuando sube la temperatura (León Trotsky)

 

El pasado 2 de noviembre fue aprobada la nueva propuesta de reforma constitucional en la Asamblea Nacional de la República Bolivariana de Venezuela. El próximo 2 de diciembre se realizará el referéndum donde la población de Venezuela podrá decidir si aprueba o no la citada reforma. Esta es la primera reforma propuesta de la constitución de 1999, y supone un nuevo giro a la izquierda tras casi diez años desde que Chávez fue elegido. Esta es la constitución que va a aprobar por ley, por ejemplo, la jornada de 6 horas, la creación de consejos de trabajadores en las empresas, y la denominación de socialista para la República Bolivariana de Venezuela. La constitución incorpora bastantes elementos más, aunque sólo por estos bastaría para ser apoyada por cualquier persona progresista en Venezuela y en todo el mundo.
El parlamentarismo ha jugado un papel central en la movilización de las masas en la revolución venezolana. Al igual que en la Revolución Francesa de 1789, la lucha parlamentaria ha sido el detonante para la entrada de las masas en la arena política. Cada cita electoral o reforma política aprobada desde la Asamblea Nacional polarizó el país a izquierda y derecha. Y una y otra vez, desde que Chávez fue elegido en 1998, las masas han salido a la calle para defender la revolución de los ataques de la burguesía y del imperialismo.
Toda analogía histórica tiene sus limitaciones: el carácter de la revolución francesa fue diferente del de la venezolana. Mientras que la tarea central de la francesa fue la abolición de la propiedad feudal, y sentar las bases para el dominio de la burguesía, la revolución venezolana empezó, en un primer momento, no sobrepasando los límites de la lucha por una democracia revolucionaria antiimperialista. Sin embargo, no se ha detenido ahí y va tomado, cada vez más, un carácter socialista cuyo fin último no puede ser otro que el fin de la propiedad privada de los medios de producción, del modo de producción capitalista y del Estado nacional que lo sostiene. Las tareas democráticas se entrelazan con las socialistas. En la época actual de decadencia imperialista, como ya señaló León Trotsky en su teoría sobre la revolución permanente hace más de 90 años, las tareas de la lucha antiimperialista y por una auténtica democracia en los países atrasados se solapa con las tareas de la revolución socialista.
El proceso de toma de conciencia de las masas no se produce de forma lineal, sino que tiene sus alzas y sus bajas. Grandes acontecimientos, como guerras o escándalos políticos, pueden ser el detonante para que las masas entren en acción a la vida política. En ese sentido, la lucha parlamentaria y la lucha electoral han sido un factor de radicalización política de las masas. Durante la revolución francesa el intento del rey Luis XIV en julio de 1789 de dar un golpe de Estado para disolver la Asamblea Nacional llevó al pueblo de París a la insurrección, cuyo episodio más conocido fue la toma de la Bastilla, principal bastión militar de la reacción monárquica y centro de la ejecución del golpe de Estado.
Al igual que las masas parisinas en el siglo XVIII, ante un intento de golpe de Estado por parte de la cúpula del ejército venezolano, la burguesía y el imperialismo, las masas trabajadoras venezolanas salieron a la calle el 12 y 13 de abril para echar atrás el golpe de Estado que había depuesto al presidente Chávez. Como siempre, los reaccionarios, tanto en la Francia feudal como en la Venezuela capitalista, no contaban con la iniciativa y el sacrificio de los trabajadores y pobres que, no sin lucha y muertos, consiguieron derrotar a los reaccionarios.
Sin duda la constitución de 1999 fue un poderoso estímulo para la conciencia de las masas en Venezuela. Les dotó de dignidad, de una constitución que reconocía sus derechos. Para las masas la constitución era el primer capítulo de un cambio profundo. Por primera vez los pobres, los oprimidos, eran escuchados, se sentían dueños de su país y de sus destinos. Este era un cambio fundamental respecto a los gobiernos de la IV República, que habían destacado por el expolio de la riqueza petrolera por parte de una minoría, que no dudó en masacrar al pueblo cuando se echó a la calle en lo que luego se llamaría el Caracazo —las protestas contra el plan de ajuste del FMI que aplicó el gobierno de Acción Democrática de Carlos Andrés Pérez—. La represión y el robo descarado fue el rasgo distintivo del régimen de la IV República.
A la burguesía y al imperialismo no le quedó otra opción que permitir la llegada al poder de Chávez ante el derrumbe de la IV República, pensando que le podían controlar y convertirlo en un títere de sus intereses. Sin embargo, la política de Chávez se desarrolló de un modo diferente que no fue del gusto de la oligarquía y del imperialismo norteamericano. La aprobación de las leyes habilitantes en diciembre de 2001 por la Asamblea Nacional polarizó el país a izquierda y derecha.
El 11 de abril un sector de la cúpula del ejército, junto con la burguesía y el imperialismo, dio un golpe de Estado que depuso al presidente elegido y ponía al frente del país a Pedro Carmona, presidente de la patronal Fedecámaras. Las masas, en una movilización heroica, rodearon los cuarteles y el palacio de Miraflores. En esa situación, bajo la presión de las masas, un grupo de oficiales se pronunciaron contra el golpe. Uno de ellos, Raúl Isaías Baduel, que por aquel entonces estaba al frente de la 42ª Brigada Paracaidista en Maracay, fue de los primeros en pronunciarse a favor de Chávez. El día 13 de abril de 2002 los generales sin tropa y los golpistas huían y Chávez era repuesto al frente del Estado.


La acción de las masas en la calle

 

Una y otra vez, las masas han derrotado todos los nuevos intentos del imperialismo y la burguesía por recuperar la iniciativa tanto en la calle como en el terreno electoral. El paro patronal organizado por los empresarios y la burocracia sindical mafiosa de la CTV, pocos meses después de aplastado el golpe de abril, fue derrotado nuevamente por las masas: la toma de los centros de PDVSA en respuesta al sabotaje patronal y de la tecnoburocracia, y su recuperación y puesta en funcionamiento por parte de los sectores más conscientes y combativos de los trabajadores petroleros junto con las comunidades, galvanizó al conjunto del movimiento revolucionario y movilizó también a sectores de la Fuerza Armada Nacional (FAN). El nuevo golpe contrarrevolucionario fue derrotado nuevamente por la movilización de las masas.
Desde entonces, ante cada nueva convocatoria electoral y en cada coyuntura decisiva, han vuelto a salir de un modo masivo a la calle: en el referéndum revocatorio de 2004, en las elecciones de diciembre de 2005 —donde se consiguió mayoría revolucionaria en la Asamblea Nacional tras la retirada de la oposición— y en diciembre de 2006 cuando, con casi siete millones y medio de votos, fue reelegido Chávez, con cerca de cuatro millones de votos más que en 1998.
Las sucesivas derrotas de la oposición y su debilidad llevaron a que la lucha entre revolución y contrarrevolución se trasladara al interior de movimiento bolivariano como la lucha entre reforma o revolución. La polarización a izquierda y derecha se ha trasladado al interior del mismo. La victoria del 3 de diciembre de 2006, precedida de la movilización histórica del 26 de noviembre, en la que más de dos millones de personas se concentraron en Caracas a favor de la reelección de Chávez, marcó un giro a la izquierda en la revolución y las contradicciones de clase se agudizaron en el movimiento bolivariano.
La propuesta del socialismo y la conformación del PSUV por parte del presidente Chávez llevaron a que el partido Podemos (que formaba parte del Bloque del Cambio, coalición electoral con la que concurría Chávez), se pasara a la oposición a principios de este año 2006. Podemos, de palabra, se posiciona con la revolución, aunque en la práctica sostiene las posiciones de la burguesía y del reformismo. Este fue el primer desgaje a la derecha. Podemos tiene cierta fuerza en estados como en Sucre y Aragua cimentado sobre la base del apoyo a Chávez en los últimos años. En la asamblea nacional apenas tiene nueve diputados de los 167 que componen la asamblea nacional.
Pero la polarización a izquierda y derecha siguió manifestándose. A finales de agosto el dirigente del MVR Francisco Ameliach, recogió firmas en el seno del grupo parlamentario socialista solicitando a Chávez que, debido al atraso en la conformación del PSUV, en las próximas elecciones municipales se presentaran candidaturas por el MVR y no del PSUV. Una parte importante del grupo parlamentario firmó el citado documento. El PSUV es un proyecto estratégico de Chávez y éste salió en defensa del mismo criticando públicamente a Ameliach, quien finalmente tuvo que dar marcha atrás en su propósito y pedir disculpas públicamente. Esta maniobra de Ameliach era un intento de retrasar y echar atrás el PSUV y mantener el control burocrático de los sectores reformistas.
Durante la revolución francesa de 1789, conforme las contradicciones entre las clases sociales se fueron agudizando y la presión de la intervención extranjera se acentuaba, las masas, junto a un sector de los dirigentes, fueron girando cada vez más a la izquierda. Al mismo tiempo, tanto agrupaciones como individuos que en un momento estuvieron del lado e incluso al frente de las masas revolucionarias, pasaron al lado de la contrarrevolución. En un momento dado los representantes políticos de la burguesía francesa (los girondinos, llamados así porque la mayor parte de ellos provenían de la región de la Gironda, al sur de Francia), que en un primer momento se habían aliado con la revolución, en un momento dado se pasaron a la reacción monárquica y feudal cuando el movimiento de las masas en lucha contra la reacción amenazaba el mantenimiento de la propiedad privada. Del mismo modo militares como el marqués de Lafayette, nombrado comandante de la guardia nacional tras la toma de la Bastilla o el general Dumouriez, general en jefe al frente de los ejércitos revolucionarios del centro que luchaban contra los austriacos, se pasaron a la contrarrevolución con armas y bagajes. Frente a las deserciones, fue la lucha de las masas la que salvó de nuevo la revolución.


Una nueva ofensiva contrarrevolucionaria

 

La aprobación el 2 de octubre por la Asamblea Nacional de la reforma constitucional ha puesto de nuevo en pie a la reacción en Venezuela. En rueda de prensa el día 1 de noviembre, en una estética que recordaba los días de abril de 2002, Consecomercio y Fedecámaras se manifestaban contra la reforma constitucional: “Esta propuesta arremete contra los principios fundamentales de la libertad económica, al eliminar el derecho que tienen los ciudadanos de dedicarse libremente a la actividad de su preferencia; los derechos de propiedad quedarán disminuidos al estar sometidos a la discrecionalidad de los funcionarios, pudiendo ser expropiada y ocupada previamente a un proceso judicial; la moneda, nuestros bienes, nuestros ahorros perderán su valor, cuando el presidente pueda disponer a su antojo de las reservas internacionales, debido a la pérdida de autonomía del Banco Central de Venezuela, BCV”. No tan sólo la burguesía, también los obispos se manifestaron en contra.
Durante la revolución francesa las masas tuvieron que luchar contra la Iglesia Católica, baluarte ideológico de la monarquía y el feudalismo. La Iglesia Católica era también uno de los mayores propietarios en Francia. Doscientos años después, la curia romana sigue jugando el mismo papel reaccionario, pero esta vez a las órdenes de la burguesía y el imperialismo. El cristianismo, que nació como un movimiento emancipador de los pobres y esclavos durante el imperio romano, se transformó bajo el catolicismo en una organización al servicio del orden social establecido. En Venezuela la Iglesia Católica, desde bien temprano, abanderó la lucha contra la revolución. Recientemente dejó esta Venezuela chavista uno de sus más disociados detractores: El cardenal Castillo Lara. Desafortunadamente para él no podrá ver la reforma constitucional aprobada. Sin embargo, el resto de la Conferencia Episcopal Venezolana, que aún permanece en este mundo pecador, manifestó su rechazo también a la reforma. La 88ª Asamblea de obispos, advirtió que: “el gobierno intenta imponer con la reforma un régimen socialista basado en la praxis y la ideología marxista-leninista. Del mismo modo condenó la consigna “Patria, socialismo o muerte” como palabras que “ni son humanas ni cristianas”.
La escalada reaccionaria dio otro paso adelante con la movilización de los estudiantes de las universidades privadas, mayoritariamente de la juventud burguesa y pequeño burguesa que no son sino una minoría en el conjunto de los estudiantes del país. El pasado jueves 1 de noviembre en una marcha al CNE (Consejo Nacional Electoral) estos estudiantes pretendieron entregar un documento contra la reforma al Consejo electoral que organiza el referéndum del próximo día 2. La marcha llego junto al CNE, que estaba protegido por una barrera de vehículos de la Policía Metropolitana de Caracas. La delegación de manifestantes que entró al CNE a entregar el documento se intentó encadenar en el interior como señal de protesta contra la reforma, cosa que impidió la seguridad del recinto. A continuación la marcha de estudiantes intentó romper el cerco de la policía metropolitana y empezaron los enfrentamientos. Esta marcha no fue más que una burda maniobra de los estudiantes universitarios de la derecha. Los estudiantes contrarrevolucionarios estaban provocando a la policía con el objetivo de tratar de aparecer como victimas de la represión policial. Todo ello para crear la idea entre la opinión pública nacional e internacional de que el gobierno de Chávez reprime y es antidemocrático.


Las masas responden de nuevo el 4 de noviembre.

Se llena la Avenida Bolívar en Caracas a favor del ‘Sí’ a la reforma

 

Como en otras tantas ocasiones las masas, el pueblo venezolano, volvió a salir a la calle para manifestar su apoyo a la revolución, centenares de miles de personas llenaron la Avenida Bolívar en el centro de Caracas el pasado domingo 4 de noviembre. Marcharon desde Parque del Este miles de hombres, mujeres y niños con el símbolo del Sí. Caracas estaba roja rojita y miles de trabajadores, campesinos y jóvenes ocupaban la avenida más grande de la capital con sus franelas y gorras a favor de la reforma. “Sí a la reforma, si al socialismo”. Sobre las 4 de la tarde, Chávez en lo alto de un camión atravesó la Avenida Bolívar entre el júbilo de los allí presentes hasta que alcanzó la tribuna. Entonces tras dejar unas palabras a José Vicente Rangel, Chávez se dirigió a los presentes.
Chávez señaló que ante la conspiración de la derecha ““Hay que prepararse para enfrentar la arremetida fascista (...) Y el Estado tiene la facultad para neutralizar esas arremetidas”. Chávez ratificó que si, en algún caso, el Estado no podría alcanzar la paz, y los fascistas logran encender la violencia, “les pasaremos por encima, los barreríamos”. “No podemos permitir que una minoría fascista incendie a Venezuela”. “Es bueno que no se equivoquen con nosotros, señores de la oligarquía. Nosotros vamos con pie de plomo, pero no con pie de elefante, sino con pie de tigre, de león”. En ese sentido, Chávez dijo que el 2002 se quedó atrás en la historia y escenarios similares “no los vamos a permitir”.
Al mismo tiempo Chávez señaló que el PSUV jugará un papel central en la batalla por el Sí. Los batasos (en analogía con los “batazos” del béisbol), batallones socialistas de vanguardia, serán la unidad fundamental de la campaña por el Sí a la reforma constitucional. Cada batallón tendrá un área de batalla y será responsable de tres mesas de votación. También se conformarán batallones de apoyo. Cada batallón socialista va a tener 900 votantes, aproximadamente. “Si cada bataso tiene un promedio de 100 militantes, cada militante de vanguardia tendrá nueve electores para el trabajo de campaña. Daremos, entonces, 14.171 batasos (mismo número de batallones del PSUV)”, dijo Chávez. El éxito de esta movilización era un nuevo golpe a los reaccionarios y mostraba la fuerza de las masas y el apoyo a la revolución y la reforma.


El ex ministro de Defensa Isaías Baduel se pasa a la reacción

 

De nuevo, sobre la base de la movilización de masas, se organiza otra contienda electoral y el proceso de radicalización aumenta. Justo al día siguiente de la marcha, el lunes 5 de noviembre, el general retirado Isaías Baduel en rueda de prensa informa que se opone a la reforma constitucional y pide el voto para el No. Baduel señala que en caso de aprobarse la reforma sería “un proceder fraudulento” y supondría “un golpe de Estado” de llevarse a cabo. Pidió que se aclarara que tipo de socialismo se quiere conducir en Venezuela, el de Pol Pot, el de la Rusia de Stalin o el socialismo socialdemócrata europeo. Baduel, aplicando los mismos argumentos que la oposición, señaló que “Se estaría consumando en la práctica un golpe de Estado, violando de manera descarada el texto constitucional y sus mecanismos”. Evidentemente esto es una traición en alguien que acompañó a Chávez desde los comienzos del movimiento. También pidió que los miembros de las fuerzas armadas tomaran especial atención a la lectura del texto constitucional y a que reflexionasen sobre el contenido del mismo.
En su discurso, al retirarse el pasado mes de julio de su puesto al frente del Ministerio de Defensa, Baduel criticó el camino socialista que estaba llevando la revolución. Como señalaba Jorge Martín en su artículo Los desafíos de la revolución bolivariana:
“.... declaró que ‘un sistema socialista debe poder realizar un reparto más equitativo y justo de la riqueza que uno capitalista (...). Pero no debemos olvidar algo (...). Antes de repartir la riqueza hay que generarla. No se puede repartir algo que no existe”, el cual es un argumento típico en todas partes de los reformistas contra el socialismo y las nacionalizaciones. También manifestó que ‘un régimen de producción socialista no es incompatible con un sistema político profundamente democrático, con contrapesos y división de poderes’, añadió que ‘deberíamos apartarnos de la ortodoxia marxista que considera que la democracia con división de poderes es solamente un instrumento de dominación burguesa’. Igualmente dijo que ‘debemos inventar el Socialismo del Siglo XXI sí, pero no de manera desordenada y caótica’. Y usando una extraña analogía con la Nueva Política Económica (NEP) de Lenin, dijo que ‘No podemos permitir que nuestro sistema se transforme en un capitalismo de Estado, donde sea el Estado el único dueño de los grandes medios de producción’, a lo cual agregó que ‘El comunismo de guerra dejó la enseñanza de que no se pueden implantar cambios bruscos en el sistema económico, es decir abolición a rajatabla de la propiedad privada y la socialización brutal de los medios de producción sin que esto repercuta negativamente en la producción de bienes y servicios y sin que, concomitantemente, se genere un descontento generalizado en la población’. Queda bastante claro lo que quiere decir con estas palabras. Usando ejemplos del comunismo de guerra y de la NEP en Rusia, lo que realmente quiere decir es que ‘no debemos ir hacia la nacionalización de la economía”.
Como señala Jorge en su artículo no es casualidad que Baduel escribiera el prologo al libro de Heinz Dietrich sobre el socialismo. Dietrich aboga por un socialismo reformista en el que no hay que tocar la propiedad de los capitalistas. Baduel aboga por la defensa de los capitalistas y se reclama defensor de la constitución del 99, que es el argumento que ahora esgrimen los reaccionarios contra el proyecto de reforma constitucional. Baduel, con sus declaraciones, se pasó a la reacción, saltó la talanquera. Chávez, a las pocas horas de su rueda de prensa, le tildó de traidor.


¿Y ahora?

 

Tras las declaraciones de Baduel, salieron anteriores ministros de Defensa, el general García Carneiro y el almirante Maniglia, desmarcándose de las declaraciones de Baduel. Muller Rojas, otro general retirado que se había enfrentado a Baduel y Chávez por la cuestión de la entrada del PSUV en los cuarteles, también habló contra Baduel. Sin embargo, esto no resuelve la cuestión. Las contradicciones de clase se manifiestan en el aparato del Estado, y en el seno del movimiento bolivariano El ejercito refleja de un modo agudo estas contradicciones. Si no han salido a la superficie antes es debido a la enorme autoridad de Chávez. Pero eso significa que cuando se manifiesten lo van a hacer de un modo brusco, como ha sucedido ahora con Baduel. La lucha entre reforma y revolución se da de un modo agudo particularmente en el seno del ejército. Es inevitable que Baduel refleje la manera de pensar de un sector de la oficialidad. ¿Cuántos altos mandos pensarán igual que Baduel sobre el tipo de socialismo que se quiere construir y sobre la importancia de mantener la propiedad privada? Si no se da una batalla por democratizar y politizar la FAN, nuevos Baduel saltarán la talanquera, amenazando la revolución, y no todos serán militares en estado de retiro o sin tropas en ese momento bajo su mando. De hecho, el propio Baduel apeló en su discurso del lunes 5 de noviembre a la oficialidad, y la burguesía y el imperialismo intentan utilizar el ascendiente que se le supone sobre sectores de la oficialidad tras varios años en posiciones de máxima responsabilidad en la FAN y de ser mitificado como “militar revolucionario”, “patriota”, “hombre de la máxima confianza” de Chávez, etc.
Uno de los mayores peligros que amenaza a la FAN, no son ejércitos extranjeros si no la penetración de las ideas de la clase dominante, de la oligarquía, en su seno. Esas ideas con las que se ha adiestrado a sus mandos históricamente. La única manera de impedir esto es que la revolución entre en los cuarteles. Se han dado pasos efectivos en ese sentido pero hay que ir más allá hay que introducir el debate político en los cuarteles. Si la revolución, si el debate de la conformación del PSUV y su construcción no entra dentro de la FAN, inevitablemente lo hará la derecha. Una muestra de ello es Baduel, que ahora es un vocero más de los intereses de los privilegiados. La FAN no ha estado históricamente por encima de los partidos, del mismo modo que el Estado venezolano no fue una figura por encima de las clases. El Estado es un instrumento para el dominio de una clase social sobre otra. Fue durante la IV República un instrumento de AD y COPEI para reprimir al pueblo. O los revolucionarios se organizan políticamente en los cuarteles, o los reaccionarios lo harán, y prepararán un nuevo golpe de Estado. Al mismo tiempo que, tal y como ha señalado Chávez, hay que formar milicias en las fábricas, en los campos y en las comunidades, hay que redoblar la conformación de la reserva. En definitiva, armar al pueblo como única garantía para la defensa de la revolución de sus amenazas tanto internas como externas.
La correlación de fuerzas es enormemente favorable para la revolución y para la victoria del Sí el 2 de diciembre. Como ha señalado Chávez, hay que organizarse para la victoria al igual que durante el referéndum revocatorio. El que los batallones del PSUV sean la base de la organización del pueblo para conseguir la victoria electoral a través de los batasos, muestra que el PSUV se va a convertir en el instrumento que necesitan las masas y la revolución para marchar al socialismo. El salto de talanquera de Baduel, que no era más que un lastre para el movimiento revolucionario, tendrá como efecto que el movimiento hacia la izquierda se profundizará, como viene haciéndolo desde principios de año.
Sin embargo, nuevos Baduel estarán a la orden del día, conforme la revolución continúe su giro a la izquierda, triunfe el Sí, y en la medida en que las masas agarren la reforma constitucional con sus manos y la lleven a la práctica. El mayor peligro para la revolución es la amenaza interna, la quinta columna, los sectores burocráticos y oportunistas que están en alianza con el imperialismo y la oligarquía.
Baduel jugó un papel en la revolución, especialmente en los acontecimientos de abril de 2002, aunque también es bueno recordar que Baduel no se pronunció claramente contra el golpe nada más producirse éste sino más de 24 horas después, cuando los trabajadores y el pueblo inundaban ya las calles de Maracay la ciudad en la que se encuentra la base de la 42ª Brigada Paracaidista de la que era jefe y de todo el país. Es más, incluso cuando se manifestó, llama la atención el carácter “institucional” de su discurso: “recuperar el hilo constitucional” y no “defender a la revolución y a Chávez como dirigente elegido por las masas revolucionarias”. Como ha señalado correctamente Müller Rojas, Baduel formaba parte de esos sectores de la oficialidad y de la burocracia estatal que han acompañado durante un tiempo la revolución, arrastrados por el movimiento de las masas y en la medida que ésta no cuestionaba todavía de manera abierta y explícita la cuestión del Estado y de la propiedad. Baduel fue incapaz de cambiar y adaptarse a la nueva etapa de la revolución y a lo que demandaba de él la lucha. Así terminó capitulando a las presiones del imperialismo y la oligarquía.
Refiriéndose a Luis XIV, el escritor Oscar Wilde señaló que “la única cosa que uno conoce verdaderamente de la naturaleza humana es que ésta cambia. El cambio es una de las cualidades que nosotros nos podemos atribuir. Los sistemas que fallan son aquellos que se basan en la permanencia de la naturaleza humana, y no en su crecimiento y desarrollo. El error de Luis XIV fue que él pensaba que la naturaleza humana sería siempre la misma. El resultado de ese error fue la revolución francesa. Y fue un admirable resultado”.

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