Revolución y Contrarrevolución en España (2)

Juan Ignacio Ramos

 

El Bienio Negro: la reacción levanta cabeza

 Los acontecimientos europeos se interrelacionaban con los españoles dibujando un cuadro preciso. La contrarrevolución organizaba sus fuerzas para infringir una derrota decisiva al proletariado. La burguesía después de intentar apoyarse en los dirigentes reformistas, optó decididamente por la reacción fascista para defender su poder, en última instancia la propiedad privada de las fábricas, los bancos y la tierra.Pero el triunfo de la contrarrevolución en marcha no era un resultado inevitable. Todas las condiciones objetivas para el éxito de la revolución socialista en Alemania, Austria y como veremos, en el Estado español estaban maduras. Sin embargo, la condición más importante, el factor subjetivo, la existencia de un partido marxista de masas, con un programa, una táctica y una estrategia para la toma del poder, estaba ausente de la situación. El gobierno de conjunción republicano-socialista, ni resolvió los problemas fundamentales de la población, en la medida que respetaba el marco del capitalismo y la propiedad privada, ni satisfacía plenamente a la burguesía, que ya preparaba sus fuerzas para un asalto al poder.El enfrentamiento social continuó desarrollándose vertiginosamente a lo largo de 1933, año crítico desde el punto de vista económico: el desempleo forzoso cada vez crecía más, afectaba a más de un millón y medio de trabajadores y jornaleros, los cierres patronales con la reducción de jornales, creaban un panorama donde la conflictividad laboral encontró su máximo apogeo(9).Las huelgas fueron acompañadas de una profunda desilusión política de las masas. Las esperanzas depositadas en la República, la confianza en que los ministros socialistas realizaran reformas progresivas, que las medidas del gobierno abrirían nuevos horizontes para la vida de millones de personas, se convirtieron en frustración, rabia e impotencia. Este descontento tuvo una expresión muy concreta en el terreno electoral.Cuando el presidente de la República disuelve las cortes y convoca nuevas elecciones para noviembre de 1933, la reacción de derechas había reconquistado una parte importante del terreno perdido el 14 de abril, especialmente entre las capas medias urbanas y las del campo, y sectores atrasados del campesinado.Los resultados electorales transformaron la composición de la Cortes. Aunque el PSOE no perdió una parte sustancial de los votos, __obtuvo 1.600.000 aproximadamente, el 20% del censo electoral__, la ley electoral aprobada bajo el gobierno de conjunción que favorecía a las agrupaciones y/o bloques electorales, castigó severamente al PSOE que pasó de 116 escaños a 61, de los 471 que contaba el parlamento.El desplome de los republicanos fue espectacular: pasaron de 118 diputados a 16; y la derecha pasó de 34 a 227, de los que 115 correspondían a la CEDA (Confederación Española de Derechas Autónomas) de Gil Robles. La CNT que no pudo impedir que en 1931 cientos de miles de afiliados votaran por las candidaturas republicano-socialistas, desarrolló en esta ocasión, una intensa campaña por la abstención que encontró un amplio eco.Aún así, el proletariado estaba muy lejos de sentirse derrotado. La burguesía era perfectamente consciente de esto, y aunque preparaba tras las bambalinas el golpe contrarrevolucionario que le permitiese aplastar definitivamente a las masas, temía que una acción prematura tuviese el efecto contrario.En lugar de promover un gobierno directamente de la CEDA, partido de corte fascista que contaba con más de 700.000 militantes y una fuerte sección de choque en torno a sus juventudes, prefirió promover un gobierno de derechas más aceptable, encabezado por el viejo y reaccionario Lerroux. Mientras tanto, la patronal y los terratenientes con la ayuda de la mayoría parlamentaria de derechas, se entregaba a la tara de eliminar todas las tímidas reformas y los pequeños avances registrados por el anterior gobierno.Se suprimieron los salarios mínimos en el campo y en la industria; se promovía el desahucio de miles de pequeños arrendatarios del campo; aprobaron la ley de amnistía que incluía la libertad con todos sus derechos a los militares sublevados de 1932 a las órdenes de Sanjurjo, excluyendo obviamente a los anarquistas detenidos por la insurrección cenetista del 8 de diciembre de 1933.Pero la burguesía y sus diputados en las Cortes, fracasaron en el objetivo fundamental de su estrategia contrarrevolucionaria: doblegar a los trabajadores y destruir sus organizaciones.En 1933 se produjeron 1.127 huelgas de carácter laboral, la cumbre de la conflictividad social de todo el período precedente.A las luchas reivindicativas se unieron los efectos del avance del fascismo en Europa, transformando la conciencia de millones de obreros. De luchas económicas defensivas enormemente radicalizadas, se pasaría a luchas políticas que produjeron un profunda cambio en la situación.

 

Giro a la izquierda

 La ‘presión’ del movimiento obrero operaba positivamente en las organizaciones obreras. La radicalización en las luchas laborales que desbordaban permanentemente los márgenes que los dirigentes obreros trataban de imponer, la derrota electoral del PSOE, el avance de la contrarrevolución fascista, y la frustración con la política de colaboración de clases practicada por los dirigentes socialistas durante el gobierno de conjunción, fueron las causas para que la base socialista, empezando por las Juventudes, expresara una oposición decidida a la política de pactos con la pequeña burguesía republicana, exigiendo un cambio de rumbo.La presión del movimiento se concretó en el giro izquierdista de Largo Caballero hacia posiciones centristas que oscilaban entre el reformismo de izquierdas y el auténtico marxismo."Estamos convencidos" escribía Largo Caballero, "de que la democracia burguesa ha fracasado: desde hoy nuestro objetivo será la dictadura del proletariado".Este giro hacia una salida socialista era el producto de la voluntad decidida de las masas y de su conciencia. No se puede explicar este cambio de posición como un hecho aislado y particular. Las Juventudes Socialistas influenciadas por la derrota alemana, por la radicalización de los obreros en huelga, por la amenaza fascista en el suelo español, correctamente y de forma más instintiva que política, intentaron orientarse en los acontecimientos, volviendo a Marx, Engels, Lenin y Trotsky. El grado de colaboración entre los dirigentes de las JJSS y los comunistas expulsados del PCE, agrupados en el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista __trotskista__ dirigida por Andrés Nin, cristalizó en el llamamiento a ambas formaciones a entrar en las JJSS y contribuir a la bolchevización de las juventudes del PSOE y la UGT (10).Los llamamientos, las proclamas, los discursos izquierdistas de la dirección socialista juvenil, y de Largo Caballero encontraban un enorme eco en las masas de obreros y jornaleros: "las declaraciones incendiarias de Largo Caballero", escribe Grandizo Munis, "producían un efecto eléctrico en las masas; lo que dicen los dirigentes como maniobra calculada, las masas lo toman en serio y lo incorporan a sus convicciones"(11).El proceso se alimentaba en doble dirección, favoreciendo la politización de las masas, la radicalización de sus posiciones y transformando su conciencia

 

 Las Alianzas Obreras

 En el tercer y cuartos Congreso de la Internacional Comunista celebrado en 1921 y 1922, los dirigentes del Partido Bolchevique y sus aliados internacionales establecieron las bases de la política de Frente Único.Secciones amplias del movimiento obrero europeo, a pesar del efecto de la Revolución Rusa, seguían todavía encuadrados en las organizaciones socialdemócratas. Durante todo un período las crisis dentro de los partidos de la II Internacional se sucedieron y en muchos casos culminaron en la formación de partidos centristas, como el Partido Socialdemócrata Independiente de Alemania, y muchas de estas organizaciones pasaron en poco tiempo a formar parte de los jóvenes Partidos Comunistas.Estos congresos también abordaron en concreto cómo superar la debilidad de las jóvenes fuerzas del comunismo. Allí donde la inferioridad de los Partidos Comunistas era manifiesta, y la fragmentación del movimiento un obstáculo para la lucha común de la clase obrera, la tarea de los comunistas debía consistir en desplegar la táctica de frente único de organizaciones obreras.El frente único adquiría mayor importancia cuando se trataba de defender posiciones y conquistas del pasado de un valor inapreciable para los trabajadores.La lucha contra el fascismo exigía una enérgica política de frente único, sin abandono de los principios ni del programa por parte de la organización marxista. La política basada en acuerdos entre las organizaciones obreras sobre puntos mínimos comunes, sumamente claros, empezando por la defensa de los locales, imprentas, manifestaciones, derechos sindicales y democráticos, sobre la organización conjunta de milicias obreras de autodefensa para responder a los ataques armados de las bandas fascistas, esta política de frente único no implica el abandono de la propaganda por el programa socialista, pero favorece el entendimiento con los obreros socialdemócratas más honestos y avanzados que estiman necesario luchar contra el fascismo.Si el Partido Comunista en Alemania y en el Estado español hubieran aplicado la política leninista de frente único hubieran atraído a los mejores obreros socialistas, igual que ocurrió después de la Revolución Rusa, durante el proceso de formación de los partidos comunistas. El PCE podía haber aprovechado esta situación para liderar la lucha contra el fascismo con un programa leninista. Sin embargo, la dirección estalinista del partido dejó pasar de nuevo esta oportunidad.El avance del fascismo aceleró los intentos de coordinar la respuesta de las organizaciones de clase, que rápidamente cristalizaron en las Alianzas Obreras.Impulsadas por el Bloque Obrero y Campesino y la Izquierda Comunista, adquirieron su mayor extensión e influencia tras la incorporación del PSOE y la UGT en diciembre de 1933 tras la derrota electoral.Las Alianzas Obreras, sin ser genuinos organismos de frente único estaban mucho más cerca de estos que de los Frentes Populares. La Alianza Obrera de Catalunya o la Asturiana, tenían un claro contenido de clase: sus organizaciones integrantes no podían llegar a acuerdos con partidos burgueses __incluyendo los republicanos__, introducían la unidad de acción sin menoscabo de la libertad de agitación y propaganda de cada partido o sindicato, y defendían, __en el papel__, la revolución socialista como medio para acabar con el fascismo.A pesar de todo la postura de Largo Caballero y del PSOE impidió que las AO se desarrollasen como auténticos órganos de poder obrero. Fueron en esencia comités de enlace entre los partidos, donde el PSOE dominante se negó a transformar las AO en consejos obreros, funcionando con delegados elegidos democráticamente en las fábricas, tajos, en el campo. Aún así, las AO cumplían un papel esencial: elevaban a un grado superior la conciencia del proletariado y favorecían la unidad de acción.La lucha de clases en el Estado español adquirió con rapidez las formas de un choque revolucionario. La escasa influencia del estalinismo, a diferencia de lo ocurrido en Alemania, la radicalización izquierdista de las JJSS, y de sectores del PSOE y de la UGT, la presencia de una fuerte fuerza anarcosindicalista, que encuadraba las filas más combativas del proletariado, unido a la debilidad y atraso del capitalismo español, debilitaba sustancialmente la capacidad de la burguesía para mantener el control de la situación.Los preparativos para un golpe definitivo de la reacción se aceleraron. Sectores decisivos del capital exigieron la entrada de la CEDA en el gobierno, con el objetivo de establecer un régimen fascista al estilo mussoliniano desde la legalidad y la mayoría parlamentaria de que disfrutaban. Pero como ocurre en numerosas ocasiones los cálculos de la burguesía resultaron equivocados por completo. El látigo de la contrarrevolución agitó el proceso revolucionario.

 

 Los preparativos revolucionarios

 Largo Caballero y otros dirigentes centristas del PSOE anunciaron públicamente que la llegada de la CEDA al gobierno obligaría al PSOE y a la UGT, y por tanto a las Alianzas Obreras, a desencadenar la revolución.La radicalización de las posturas de Caballero, en palabras, no dejan dudas: "Ya no es cuestión ahora de partidos intermedios entre la clase trabajadora y la burguesía (…) o bien el poder pasa a manos de las derechas, o bien a las nuestras, y como las derechas necesitan para sostenerse una dictadura, la clase trabajadora una vez logrado el poder, ha de implantar también la suya, la dictadura del proletariado. La hora de choques decisivos se va acercando. El movimiento obrero ha de prepararse para la Revolución…" (diario Adelante, febrero de 1934).Las palabras, correctas, no tenían sin embargo su traducción práctica. Los preparativos para la insurrección dejaban claro que Largo Caballero trataba de utilizar el movimiento como una amenaza en lugar de organizar seriamente y con una táctica marxista la revolución. Su concepción de la insurrección tenía más puntos en común con la de Blanqui (métodos conspirativos), que con la de Lenin y los bolcheviques.Bajo el pretexto de que nada debía desviar a las Alianzas de la preparación de la insurrección, Largo Caballero y a través de él, el PSOE y la UGT, se negaron en redondo a que éstas participaran activamente en las luchas cotidianas de la clase obrera.En todo momento se opuso a la creación de AO en los barrios, fábricas, tajos, en el campo, para que funcionasen como los comités de la revolución, y por tanto a la posibilidad de elección de delegados en una AO estatal.En el terreno del armamento para la insurrección sus posiciones eran igual de equivocadas; lejos de organizar sistemáticamente una milicia obrera a partir de las fábricas y los sindicatos, dejó los preparativos militares en manos de un comité presidido por Indalecio Prieto, dirigente del ala derechista del partido, ferviente partidario de la colaboración de clases, y que participaba en la lucha, como más tarde reconocería el propio Caballero, para sabotearla. Como era tradición en los líderes socialistas, en lugar de hacer un trabajo activo entre los soldados de tropa, la mayoría hijos de campesinos, se buscó la complicidad de la oficialidad republicana.Tampoco hubo intentos serios por ganar a la base de la CNT. La actitud sectaria y antianarquista de los líderes socialistas, permitió a la FAI mantener la influencia de sus prejuicios antipolíticos entre los militantes anarcosindicalistas.Una postura audaz, marxista, de los dirigentes del PSOE, haciendo un llamamiento a los dirigentes cenetistas y, la base anarquista, con un programa de lucha común contra el fascismo y por la revolución hubiera tenido el apoyo de miles de obreros cenetistas. Las condiciones existían como lo prueba la incorporación de la CNT asturiana en la AO.Con estas premisas era sumamente difícil que la insurrección pudiese triunfar. El proletariado carecía de un auténtico partido marxista con una táctica para la toma del poder.Todas estas carencias se hicieron más evidentes durante la gran huelga campesina del verano de 1934. La Federación de Trabajadores de la Tierra (FTT) de la UGT presionada por los jornaleros, convocó una huelga contra los salarios de hambre y las jornadas extenuantes.El éxito de la lucha dependía también de su extensión y de la solidaridad de la clase obrera industrial de las ciudades.Las condiciones para ese apoyo estaban maduras, como ponía de manifiesto que la clase obrera tomara la iniciativa en la calle para boicotear todas las demostraciones de fuerza "cedistas", y las huelgas económicas continuaban extendiéndose(12). Con todas estas posibilidades para unificar la lucha de los trabajadores y los campesinos, Largo Caballero se negó desde la UGT a promover ningún movimiento de solidaridad con la huelga.La huelga campesina alcanzó 38 provincias y más de 300.000 huelguistas, pero después de 15 días de resistencia y lucha, el hambre y la represión acabó con el movimiento: hubo trece muertos, diez mil detenidos y la FTT fue desmantelada.El campesinado quedaba temporalmente fuera de combate, sin capacidad de reacción. ¿Se podría pensar en una posterior insurrección victoriosa sin la participación activa del movimiento jornalero?

 

 La insurrección

 Cuando en la noche del 4 de octubre se anunció la entrada de la CEDA en el gobierno, Largo Caballero y las AO dieron la orden de la insurrección, pero era una preparación insuficiente.Sin una dirección consecuente, sin objetivos decididos y sin la participación y discusión previa de esos objetivos por los cuadros y activistas obreros la insurrección se transformó, salvo en Asturias, en una huelga laboral.En Madrid, las concentraciones de obreros en la casas del pueblo, Puerta del Sol, inmediaciones de los cuarteles, esperando planes, consignas, armamento, fueron respondidas por los líderes socialistas con el silencio."Largo Caballero iba a dar a las armas", escribía Grandizo Munís, "la misma utilidad con que había utilizado antes las frases revolucionarias, del petardeo político iba a pasar al petardeo dinamitero, pero sin sobrepasar los límites del amago". En Madrid el movimiento se consumió en medio del abandono general de los dirigentes socialistas.En Catalunya la AO dominada por el BOC de Maurín, se limitó a desencadenar la huelga y esperar que la Generalitat de Companys tomase la iniciativa. No hubo planes militares, ni intentos serios para ganar a la base de la CNT, cuyos líderes en Barcelona se opusieron a la huelga. Aunque el papel del PSOE en la alianza obrera catalana era menor, la política nacionalista y errada de Maurín tuvo las mismas consecuencias: "(…) El éxito o el fracaso depende de la Generalitat (…) es muy probable que la pequeña burguesía desconfíe de la causa de los trabajadores. Hay que procurar en lo posible que este temor no surja, para lo cual, el movimiento obrero se colocará al lado de la Generalitat para presionarla y prometerla ayuda, sin ponerse delante de ella…" (Hacia la Revolución, Joaquín Maurín, 1935).La Generalitat y la pequeña burguesía gubernamental respondieron traicionando el movimiento insurreccional, aunque para salvar su honor, proclamaron el "Estado Catalán", sin hacer nada por resistir el asedio militar de las tropas del gobierno de Madrid.En el resto del Estado el movimiento fue enormemente confuso y aunque los trabajadores adoptaran una postura militante ante el llamamiento de sus dirigentes, sin consignas, sin estrategia y con el campesinado derrotado, pronto se desmoronaron.En Asturias el proceso fue muy diferente. Las masas obreras asturianas se habían ejercitado durante todo 1934 en la lucha contra el gobierno: sólo en este año, se declararon 8 huelgas generales políticas, desde la de febrero en solidaridad con los socialistas austríacos, hasta la de septiembre contra la concentración "cedista" en Covadonga.La AO asturiana, que surgió como un acuerdo de unidad de acción entre CNT y UGT, desde sus comienzos participó en las luchas cotidianas de la clase.Los trabajadores asturianos con grandes tradiciones de lucha contaban con organizaciones fuertes y muy implantadas, especialmente UGT, PSOE y JJSS. También el PCE consiguió una influencia notable, aunque la actitud del estalinismo respecto a las AO, una continuación de su posición sectaria respecto al movimiento socialista, marginó aún más al Partido Comunista: "(…) los renegados del bloque, la rama anarquista del treintismo, la variante socialfascista catalana, el grupo de contrarrevolucionarios trotskistas, enemigos acérrimos del Frente Único y el Partit Comunista de Catalunya, constituyendo la Alianza Obrera, caricatura del frente único, pretenden engañar a los obreros que quieren el frente único sinceramente…" (Proyecto de tesis del Tercer Congreso del PCE, 31 de agosto de 1934)."La Alianza Obrera es una maniobra de traidores (…) que divide a los obreros y fortalece al bloque de toda la reacción…" (Catalunya Roja, nº 33, diciembre 1933).La posición del PCE era la consecuencia lógica de la política ultraizquierdista y sectaria del "Tercer Período". Pero, como si de un cielo azul descargase un rayo, el Comité Central del PCE a finales de septiembre de 1934, decide inesperadamente su incorporación a las AO: "…Declarando y reconociendo lo antedicho, el CC del PCE (sección de la IC) se pronuncia por el ingreso de todas las organizaciones en el seno de las AO, allí donde existan e invita a crearlas allí donde todavía no existan…".¿Qué causas provocaron este viraje brusco en la política del PCE? La respuesta no se halla en una reflexión propia de los dirigentes estalinistas españoles, sino en el cambio de posición de la burocracia rusa y de la IC. Después del triunfo nazi en Alemania, la burocracia rusa no adopta medidas contra el régimen de Hitler. La prórroga del pacto germano-soviético de 1936 es ratificado y durante un año, Stalin elude pronunciarse sobre la situación internacional.La situación cambia notablemente no porque el PC alemán es perseguido, y miles de sus mejores militantes detenidos y deportados, no porque el proletariado alemán haya sufrido una derrota histórica, sino porque la Alemania nazi y Polonia firman un acuerdo de ayuda mutuo que es interpretado por Stalin como una amenaza contra la URSS y sus privilegios.En ese momento la política exterior soviética da un viraje radical. En el intento de salvaguardar sus intereses, la burocracia rusa maniobrando, intenta un acercamiento a la "Francia democrática" para aislar a la Alemania de Hitler.En octubre de 1934, Thorez, Secre-tario General del Partido Comunista Francés, abandona la política y los gestos del socialfascismo y proclama la idea "de un frente popular, que incluya a radicales y socialistas para luchar contra el fascismo".El 25 de mayo de 1935, se firma el Pacto franco-soviético y los comunistas franceses votan en el parlamento a favor de los créditos militares.En este contexto es donde el cambio sorprendente del PCE respecto a su ingreso en las AO, hace poco consideradas "maniobras de traidores", se puede explicar. El camino hacia la política del frente popular se estaba allanando.

 

 La Comuna Asturiana

 La preparación de la insurrección en Asturias había alcanzado un grado superior al de cualquier zona del Estado.En las cuencas mineras, la actividad, especialmente de la juventud, fue frenética. Existía coordinación, comités, armamento, decisión.La insurrección de Asturias prendió en las cuencas mineras mientras en Gijón y Oviedo, los dirigentes socialistas actuaron igual que sus colegas en el resto del Estado.Los mineros aceptaron el reto, y su actitud revolucionaria lo transformó todo. Según Tuñón de Lara en la insurrección participaron 20.000 mineros; para Grossi, representante del BOC en Mieres, la cifra puede llegar hasta los 30.000.Durante 15 días de insurrección, la Comuna asturiana, como en 1871 la Comuna de París, se convirtió en un embrión de Estado obrero dentro del Estado español.Los mineros no tardaron en imponer todas las medidas que consideraron necesarias, los comités desempeñaron las tareas militares, de aprovisionamiento de medios de subsistencia. Se sustituyó las monedas por vales, se estructuró la red sanitaria, los pozos mineros seguían teniendo sus tareas de conservación y se formó una Guardia Roja encargada de mantener el orden y reprimir al lumpen.El PCE ganó influencia en Asturias a costa de la actitud vergonzante de algunos líderes del PSOE, especialmente de dirigentes como González Peña, Secretario del SOMA, que abandonaron al primer combate su puesto en el Comité Provincial. Al igual que otros líderes "históricos" fueron sustituidos por militantes comunistas y de las JJSS con el valor y la decisión de luchar hasta el final.La clase obrera asturiana como los heroicos obreros parisinos de la comuna, resistieron ferozmente el asedio de las tropas del gobierno durante 15 días.¿Por qué fracasó la Comuna As-turiana? Las razones en parte se han explicado, pero es obvio que el aislamiento y el fracaso de la insurrección en el resto del Estado fueron determinantes. La actitud de la CNT estatal que se negó a participar en la lucha, se tradujo en que su sindicato ferroviario no impidió el traslado de las tropas moras y legionarias a Asturias para llevar a cabo la represión.El terror blanco desatado en las cuencas tuvo un saldo sangriento: miles de muertos, más de 100.000 detenidos, cientos de torturados, mujeres violadas. Pero a pesar de todo, Asturias la Roja frenó el avance del fascismo y el movimiento obrero se recuperó con rapidez de sus heridas.Los mineros demostraron que la revolución socialista no era una ilusión utópica, sino algo perfectamente posible, al menos por parte de los trabajadores. No fueron por tanto los factores objetivos los que impidieron el triunfo de la insurrección, sino la ausencia de un partido marxista que desplegara una táctica acertada y un programa para la toma del poder. El PSOE podía haberlo hecho, pero le faltaba una dirección marxista, lo que no impidió que sectores del partido y ampliamente en las Juventudes, buscaron después de la derrota, las ideas necesarias para el triunfo.Por tanto coincidimos con Grandizo Munís, cuando afirmaba: "(…) El arma superior a todas es una política revolucionaria completa, inequívoca e impetuosa en los momentos de lucha (…), las condiciones objetivas que faltaban en octubre __órganos democráticos de poder, milicia obrera, cohesión a escala nacional, un programa preciso y concreto para la toma del poder__, dependían todas del factor subjetivo…".Efectos políticos de Octubre

¡La insurrección de Octubre desató todas las alarmas de la clase dominante. El proletariado español había probado no sólo en las declaraciones públicas de sus líderes, sino con las armas en la mano, que no consentiría un triunfo "frío", pacífico de la contrarrevolución. Las lecciones de los acontecimientos de Alemania, de Austria, no habían pasado en balde; el movimiento unitario por la base, la radicalización de la juventud, la conciencia revolucionaria de millones de obreros y campesinos, era una prueba concluyente para la burguesía y los terratenientes: la República, las formas democráticas, eran un obstáculo para defender la propiedad privada. Todas las acciones de los obreros y los campesinos sin tierra, desde la proclamación de la República el 14 de Abril, habían ido dirigidos precisamente contra la propiedad privada, y los privilegios de la clase dominante.El marxismo siempre ha señalado que las formas políticas de dominación de clase pueden variar, mientras que las relaciones sociales de producción, que las determinan, permanecen intactas. Es decir, la burguesía se vio obligada a ceder en el cambio de régimen, aceptando el desmantelamiento de la monarquía, y su sustitución por la república siempre que este cambio no cuestionara su poder. Esto no modificaba la naturaleza burguesa del régimen republicano. Indudablemente la acción revolucionaria de las masas antes de 1931 obligó a la clase dominante a aceptar parcial y temporalmente la existencia de derechos y libertades democráticas, y esta conquista tenía un enorme valor para las masas. Sin embargo, la única garantía para que estos derechos no quedaran eliminados, para que estos derechos tuvieran además todo su sentido en la medida que fueran acompañados con justicia social y económica, buenos salarios, viviendas decentes, tierras para los campesinos, era la transformación socialista de la sociedad. La República no cuestionaba el sistema de libre mercado, no era un régimen anticapitalista, sino todo lo contrario.La reacción, que controlaba el gobierno desde noviembre de 1933, exigió la aplicación de las leyes "republi-canas" a los insurrectos de Octubre. El terror blanco desató toda su furia contra los cabecillas del levantamiento minero, que fueron fusilados por cientos, las organizaciones proletarias que sufrieron detenciones, prohibiciones y clandestinidad, y en general contra el movimiento obrero que sufrió en sus filas miles de detenidos.Los síntomas evidentes de la situación revolucionaria se concretaron con el reagrupamiento de la clase dominante; algunos diputados encabezados por Calvo Sotelo constituyeron el Bloque Nacional en diciembre de 1934 para preparar el asalto violento del poder. La CEDA exigió su entrada en el gobierno para imprimir mayor dureza a la represión, con la confianza de que la transformación fascista del régimen y el triunfo definitivo de la contrarrevolución se podrían llevar a cabo de manera similar a la de Hitler o Mussolini.En mayo, Lerroux finalmente formó go-bierno con seis ministros cedistas, incluido su líder, Gil Robles, que ocupó el Ministerio de la Guerra.La burguesía en su conjunto comprendía ya a la altura de 1935 que la única defensa consecuente de sus intereses pasaba por al aplastamiento de la izquierda y sus organizaciones. La salida militar-fascista no fue una improvisación de un grupo de militares sino una acción preparada sistemáticamente que contó con el apoyo del conjunto de la burguesía, los terratenientes y los banqueros de todo el país, y fue ejecutada por una casta de oficiales que no sólo fue consentida por la República, sino premiada por sus diferentes gobiernos.El 13 de mayo de 1935, Francisco Franco, ascendido a general por Lerroux, fue nombrado Jefe del Estado Mayor Central. El general Fanjul ocupaba la subsecretaría de Guerra y Goded la Dirección General de Aeronáutica.Individuos destacados de la oligarquía, como Luis Oriol (tradicionalista y banquero), que fletó un barco desde Bélgica con 6.000 fusiles, 150 ametralladoras pesadas, 300 ligeras, 10.000 bombas de mano y 5 millones de cartuchos, financiaban y armaban sin tapujos las fuerzas de la contrarrevolución. Los carlistas tradicionalistas habían organizado una Junta Militar, que funcionaba desde San Juan de Luz, y adiestraba a las fuerzas de choque de los Requetés, que regularmente recibían cargamentos de armamento para sus arsenales.Pero fue realmente en las altas esferas del ejército donde los preparativos militares para aplastar la revolución se desarrollaron con más rapidez. La Unión Militar Española, la organización reaccionaria de los oficiales se fortaleció con la entrada del general Goded y aceleró todos los planes para el levantamiento militar.

 

Una etapa decisiva

 Las contradicciones internas entre la mayoría parlamentaria de derechas se aceleraron con la recuperación del movimiento obrero. A pesar de la represión, durante todo el año de 1935 las organizaciones obreras reconstruyen sus estructuras, levantan de nuevo sindicatos, reaparecen las publicaciones.El 1º de Mayo de 1935 el país se paraliza ante la llamada a la huelga de las organizaciones de izquierda. La agitación por la amnistía moviliza los esfuerzos de cientos de miles de obreros y campesinos, y se extiende a todos los rincones del país.Paralelamente, el proceso revolucionario de octubre desató movimientos internos en las filas de los partidos, los activista, los cuadros y los líderes se preguntan por que ha sido derrotada la insurrección.Los acontecimientos influyen decisivamente en las organizaciones, que no son agrupaciones monolíticas y estáticas. De hecho considerar a las organizaciones de la clase obrera como inmutables puede llevar a graves errores, como confundir las aspiraciones y los deseos de liberación, muchas veces inconscientes de las masas, con la actitud y la política reformista de los dirigentes.Este fenómeno adquirió mayor virulencia en el Partido Socialista y en las Juventudes Socialistas, las agrupaciones más importantes del proletariado español. Largo Caballero que se convertía en la cabeza visible de este giro a la izquierda logró agrupar a un importante núcleo de dirigentes socialistas, entre los que destaca, Luis Araquistain, "teórico" de las posiciones centristas de esta tendencia. Pronto comenzarán a publicar un periódico para exponer sus posiciones políticas, Claridad, que aparece como portavoz de la UGT.En las JJSS el proceso iniciado antes de la insurrección de octubre se fortalece después de la derrota. En un folleto publicado clandestinamente, Octubre segunda etapa, en el que se contienen ideas muy confusas respecto al gobierno de conjunción (1931-1933) y la política del PSOE, a la que se califica de oportunismo revolucionario, se refleja la evolución política de las juventudes hacia la izquierda: "Regresamos a Marx y Lenin, unamos a la juventud revolucionaria en una internacional que rompa los errores del pasado, para ello invitamos a la Juventud Comunista, a las Juventudes Comunistas de Izquierda y a las juventudes del BOC a entrar en masa a la Juventud Socialista de España, invitamos a la juventud revolucionaria a unirse a nuestra bandera para la reconstrucción del movimiento proletario internacional".La evolución de las JJSS hacia las auténticas posiciones del marxismo era una posibilidad real. Las posturas centristas de izquierda no surgieron por capricho. Respondían a la madurez que había alcanzado el proceso revolucionario en el Estado español. En las épocas revolucionarias los acontecimientos y las posibilidades deben ser aprovechadas con rapidez. Una política enérgica, decidida y correcta puede transformar las pequeñas fuerzas de una organización revolucionarias en un partido de masas.Los batallones para construir el partido marxista que el proletariado español necesitaba estaban dispuestos: eran los miles de jóvenes socialistas que querían hacer la revolución. Pero aquellos que tuvieron la oportunidad de ganarlos a las ideas del genuino marxismo __los líderes de la Izquierda Comunista__ rechazaron hacerlo.Los dirigentes de las JJSS desengañados con la postura sectaria de una organización muy inferior en número de militantes, les volvieron la espalda.En mitad del enfrentamiento social y de la polarización entre las clases, ante el peligro inminente de un golpe fascista en el Estado español, los jóvenes socialistas miraron hacia otro lado, hacia el estalinismo, que cubierto con la autoridad moral de Octubre, de Lenin y del primer Estado obrero de la historia, aparecían como un agarradero seguro en un período de máxima incertidumbre.

 

 Nuevo viraje del estalinismo

 El thermidor soviético, como calificó Trotsky a la contrarrevolución burocrática, por comparación con el thermidor de la revolución francesa, era también el signo de procesos sociales más profundos:"La burocracia rusa elevándose por encima de las masas trabajadoras, regulaba las contradicciones surgidas entre la ciudad y la aldea, entre el proletariado y el campesinado, entre las repúblicas y los distritos nacionales, entre las distintas capas de la clase obrera, entre diferentes grupos de consumidores y entre el Estado soviético y su entorno capitalista. Utiliza esta función reguladora para fortalecer su propio dominio, con su gobierno sin ningún control, sujeto únicamente a su voluntad, al que nadie puede apelar". (León Trotsky, El Estado obrero, Thermidor y Bonapartismo).El crecimiento económico experimentado en Rusia desde 1931, gracias a la aplicación de los planes quinquenales y la colectivización forzosa de la agricultura, mostró las enormes posibilidades de la economía planificada. Pero el progreso de la economía planificada exige el control obrero de la producción, es decir, la participación consciente y democrática de los trabajadores en la toma de decisiones, en la revocabilidad y corrección de las mismas, en la coordinación democrática del plan. En esto consiste precisamente la evolución socialista y nada de esto existía en la URSS de los años 30.A primera vista la mejora material debería recortar la necesidad de privilegios, y por tanto quitar terreno a la burocracia. Sin embargo, el desarrollo de las fuerzas productivas fue acompañado de un crecimiento de las desigualdades, pues bajo el dominio burocrático, la producción estaba muy lejos de proporcionar a todos lo necesario, pero en cambio permitía la concesión de importantes ventajas a la minoría y hacer de la desigualdad un aguijón para la mayoría. La burocracia no corregía este proceso mediante la participación del proletariado, al contrario, esta situación se reforzó con la supresión de cualquier forma de democracia obrera.Lo cierto es que a pesar de los crímenes de la burocracia, de su política conservadora, de sus zigzags políticos, la sociedad rusa avanzaba. La economía planificada, aunque de forma burocrática, y a un coste extraordinario, desarrollaba las fuerzas productivas y transformó la fisonomía de la Rusia soviética. Se construían nuevas ciudades, complejos industriales, nuevas ramas de la producción y del transporte. Todos estos logros contrastaban con la crisis y decadencia del capitalismo mundial, y se convertían en un imán para los obreros del mundo.La política de la burocracia estalinista fuera de sus fronteras no estaba determinada por las necesidades del proletariado internacional y la revolución mundial, sino dictadas por sus intereses estrechos de casta privilegiada.En una entrevista realizada el 1 de marzo de 1935, Ray Howard, periodista de Newspaper, preguntaba a Stalin:"¿Cuáles son vuestros planes y vuestras intenciones de revolución mundial?Stalin contestó tajantemente: Jamás hemos tenido tales proyectos. Es el fruto de una equivocación".Se podría argüir que era necesario adoptar una expresión diplomática para no revelar las intenciones al enemigo. Pero en realidad, la experiencia de Alemania, Austria y por encima de todas, la Revolución Española, dejó claro que Stalin, que el estalinismo, no sólo no tenía ningún plan favorable a la revolución mundial sino que contribuyó con todas sus fuerzas a impedir el triunfo de la revolución socialista.La política de la diplomacia secreta, los acuerdos internacionales __primero con la Alemania nazi, luego con Francia y Gran Bretaña__, la supeditación política de los PCs europeos a estos acuerdos. ¿En qué beneficiaban la causa del socialismo? Toda esta política era la consecuencia lógica de esa caricatura marxista llamada "socialismo en un solo país", que se encontraba justamente en las antípodas de las ideas defendidas por Lenin y los bolcheviques.La contrarrevolución fascista en Europa, era la mejor prueba de que la clase obrera sólo tenía una alternativa: socialismo o barbarie.El fascismo, era la confesión de que el régimen burgués había llegado a una encrucijada decisiva. Puesto al borde del abismo por sus contradicciones internas, las formas "democráticas" no servían para frenar el avance revolucionario de las masas que con su reivindicaciones cuestionaban el poder de los capitalistas.Las organizaciones obreras presionadas por la radicalización de las masas giraban a la izquierda en palabras y eran superadas por su base en los acontecimientos.No existían las condiciones para que la burguesía siguiese defendiendo el régimen parlamentario, las formas de la "democracia burguesa". La contrarrevolución exigía un trabajo rápido y decidido. Cuando esto era evidente para la burguesía, la Internacional Comunista que fue fundada por Lenin y Trotsky, como el instrumento de la revolución mundial, que agrupaba a millones de obreros revolucionarios de todo el mundo, arrojando por la borda toda la teoría de Lenin, toda la experiencia de la revolución de octubre, adoptó la política de colaboración de clases para combatir el fascismo: el Frente Popular.Del 25 de julio al 17 de agosto de 1935, se reunió en Moscú el VII Congreso de la IC para ratificar un viraje iniciado seis meses antes, después del acercamiento diplomático de la burocracia estalinista a Francia y Gran Bretaña. Dimitrov se encargó de presentar la nueva doctrina política, enterrando las viejas ideas ultraizquierdistas del socialfascismo: "Hoy en día, en una serie de países capitalistas, las masas trabajadoras tienen que elegir concretamente, por el momento, no entre la dictadura del proletariado y la democracia burguesa, sino entre la democracia burguesa y el fascismo". (Dimitrov, Euvres Choises, París 1952, pág. 137).

 

 El Frente Popular

 Las divergencias entre los socios del gobierno de derechas después de un bienio negro para las masas obreras, aceleró la ruptura. Sectores importantes de la CEDA se decidieron por la preparación activa del golpe militar.Finalmente las cortes fueron disueltas y se convocaron elecciones para el 16 de febrero. La reacción se agrupó en torno al Frente Nacional Contrarrevo-lucionario, los carlistas, los nacionalistas vascos y republicanos de derechas.En el otro lado de la barricada el movimiento obrero se recuperó plenamente de la derrota de octubre y el ambiente de odio y rabia contra los explotadores preparaba un nuevo intento de cambio. Los dirigentes reformistas del PSOE y de la UGT, especialmente Indalecio Prieto y Julián Besteiro, conectaron inmediatamente con las propuestas del PCE para conformar un Frente Popular de cara a las elecciones de febrero. Siguiendo las directrices políticas de la Internacional y de Stalin, la dirección del PCE trazó una estrategia clara: supeditar cualquier acción independiente del proletariado a la defensa de la legalidad republicana, o lo que es lo mismo, a la defensa de la democracia burguesa como Dimitrov había concretado. La pregunta fundamental, ¿cómo es posible luchar contra el fascismo, oponiendo la defensa de la democracia burguesa?, ya había sido contestada desde 1931. En esencia la política estalinista del frente popular era una reedición del programa del gobierno de conjunción republicano-socialista de 1931 a 1933.Para los estalinistas, teóricos de la "nueva doctrina", cualquier referencia a la revolución socialista era pospuesta a la victoria sobre el fascismo. Pero aquí radicaba precisamente el problema de fondo: sólo se podía vencer al fascismo con el programa de la revolución social.El acuerdo del frente popular tan bien acogido por la pequeña burguesía republicana no cuestionaba las bases del capitalismo. Con algunas reivindicaciones abiertamente progresistas como la amnistía para los delitos políticos y sociales cometidos antes de noviembre de 1935, y la readmisión de los despedidos como consecuencia de las luchas obreras, especialmente tras la insurrección del 34, el programa del Frente Popular ataba de pies y manos a la clase obrera:Rechazaba expresamente la nacionalización de la tierra y su entrega gratuita a los campesinos. Se regularía el sistema de subvenciones y apoyos a la industria en intereses de la producción nacional.Se negaba a establecer un subsidio de paro, que aunque solicitado por los partidos de izquierda fue rechazado por los republicanos.La Hacienda y la Banca debían estar al servicio de "la reconstrucción nacional", los partidos republicanos rechazaron cualquier medida de nacionalización de la banca, al igual que el control obrero solicitado por el PSOE.La República, concluía el programa del Frente Popular, que concebían los partidos republicanos no era la república dirigida por motivos sociales o económicos de clase, sino un régimen de "libertad democrática" inspirada por motivos de "interés público" y "progreso social".Este era el programa que los dirigentes de los partidos obreros y los sindicatos aceptaron para luchar contra el fascismo(13).

 

 Las capas medias

 Los estalinistas durante toda la revolución, incluso décadas después, sostenían que el Frente Popular era una táctica justificada para no perder el apoyo de la clase media, que asustada por medidas socialistas podría echarse en brazos de la reacción. Argumentos de este tipo se han utilizado siempre que han concurrido circunstancias favorables a la revolución para negar precisamente la oportunidad de una política revolucionaria.Fue Lenin el que contestó con mayor claridad esta falsa posición que no es más que una copia de los argumentos que los mencheviques utilizaron durante la revolución rusa.Los dirigentes reformistas rusos, mencheviques y socialrevolucionarios, negaron siempre la madurez de Rusia para la revolución socialista. Conside-raban la naturaleza de la revolución rusa como una revolución burguesa, que debía liquidar los restos del feudalismo que dominaba en las formas de propiedad de la tierra, la propiedad terrateniente, y conquistar las libertades democráticas. De hecho para los mencheviques y los socialistas revolucionarios, el proletariado debía actuar como el ala izquierda de la burguesía en su lucha contra la autocracia zarista.¿Cuál fue la actitud de Lenin? ¿Apoyar a la burguesía liberal? ¿Explicar a los obreros rusos que para no atemorizar a las capas medias o impedir el triunfo de la reacción había que apoyar a los burgueses rusos?Si Lenin hubiera adoptado esa política la Revolución de Octubre jamás se hubiera producido. Fue la política del bolchevismo la que garantizó el triunfo de la revolución socialista en un país donde el campesinado era mayoritario y la clase obrera una minoría fuerte y cohesionada. Pero el triunfo sólo fue posible en cuanto que Lenin y los bolcheviques explicaron que la burguesía rusa era una clase profundamente contrarrevolucionaria fundida con los terratenientes, y ligada al capital extranjero, y por tanto incapaz de llevar a cabo ninguna reforma que mejorara sustancialmente las condiciones de las masas porque eso significaría atacar las bases de su propio poder. Lenin no apeló a la defensa de la democracia burguesa, armó al proletariado y a los campesinos con el programa de la revolución socialista y explicó que las tareas democráticas, sólo se podrían llevar a cabo con el proletariado en el poder, después de expropiar a los capitalistas, los banqueros y los terratenientes. Si esta política era consecuente y correcta para la Rusia de 1917, era mil veces más coherente para la España de 1936.Lenin además explicó que las capas medias, la pequeña burguesía, no juegan nunca en política un papel independiente, por su propia posición social y su heterogeneidad extrema. Los estratos superiores de la pequeña burguesía, como los medianos propietarios agrícolas, tienen intereses más en común con la burguesía que con el proletariado. La defensa de sus ingresos y su posición social les une normalmente al capital. Otras capas de la pequeña burguesía, pequeños comerciantes, tenderos o pequeños propietarios agrícolas, suelen actuar de una forma muy volátil en política, giran a derecha o izquierda con mucha rapidez. En períodos de auge capitalista suelen ser la base social de los partidos de derecha, pero en las épocas de crisis cuando se ven sometidos a la presión de los impuestos, a la dictadura de los créditos y muchos se encaminan a la ruina, pueden girar con violencia a la izquierda y ser ganados a la causa del proletariado… a condición de que el proletariado y sus organizaciones tengan una política revolucionaria decidida.Pero si la clase obrera y sus partidos no presentan una política resuelta y enérgica, y entablan abiertamente la lucha por el poder, estas masas pequeñoburguesas desesperadas, incluso sectores del proletariado en paro en condiciones semilúmpenes, pueden orientarse y apoyar las fórmulas más demagógicas y reaccionarias, como el fascismo. En Alemania los nazis fueron ensanchando su base social precisamente con estas capas, que en los primeros compases del proceso revolucionario apoyaban a los socialdemócratas y a los estalinistas, pero que al final formaron la base electoral de Hitler, ante la ausencia de una política revolucionaria por parte de la izquierda.La extrema polarización social en el caso de España en 1936, era el signo inequívoco de la revolución. Los grandes fenómenos políticos tienen, siempre, profundas causas sociales. La decadencia de los partidos pequeñoburgueses "democráticos" es un fenómeno universal que tiene sus raíces en la decadencia del propio capitalismo.En su artículo A dónde va Francia, escrito en octubre de 1934, Trotsky analiza este fenómeno en detalle: "…¿Es verdad que la pequeña burguesía teme a la revolución: aborrecen los extremos? Bajo esta forma general, esta afirmación es absolutamente falsa. Naturalmente, el pequeño propietario tiende al orden, en tanto que sus negocios marchan bien y mientras tiene esperanza de que marchen aún mejor. Pero cuando ha perdido esa esperanza, es fácilmente atacado por la rabia y está dispuesto a abandonarse a las medidas más extremas. En caso contrario, ¿cómo habría podido derrocar el estado democrático y conducir al fascismo al poder en Italia y Alemania? Los pequeños burgueses desesperados ven ante todo en el fascismo, una fuerza combativa contra el gran capital, y creen que, a diferencia de los partidos obreros que trabajan solamente con la lengua, el fascismo utilizará los puños para imponer más "justicia". A su manera, el campesino y el artesano son realistas: comprenden que no podrá prescindirse de los puños. Es falso, tres veces falso, afirmar que en la actualidad la pequeña burguesía no se dirige a los partidos obreros porque teme a las "medidas extremas". Por el contrario: la capa inferior de la pequeña burguesía, sus grandes masas no ven en los partidos obreros más que máquinas parlamentarias, no creen en su fuerza, no los creen capaces de luchar, no creen que esta vez estén dispuestos a llegar hasta el final… Para atraer a su lado a la pequeña burguesía, el proletariado debe ganar su confianza… necesita tener un programa de acción claro y estar dispuesto a luchar por el poder por todos los medios posibles…". (León Trotsky, A dónde va Francia. Juan Pablo Editores, México 1976, pág. 22-23).La política del Frente Popular no sólo rechazaba la toma del poder por los trabajadores sino que tenía como eje fundamental asegurar que éste no era el objetivo de la lucha. Bajo el respeto a las formas "democráticas", no impedían a la burguesía continuar sus preparativos contrarrevolucionarios, pero, y esto era decisivo, desarmaba políticamente a los trabajadores y a través de sus partidos les sometía a los límites de la democracia burguesa.

 

El empuje irresistible de las masas: triunfo del Frente Popular

 A pesar de todos los obstáculos que se quería imponer a la acción independiente de los trabajadores, las tradiciones revolucionarias del proletariado español se mantenían, y la confianza en sus propias fuerzas se habían renovado. Las elecciones desataron la movilización de cientos de miles de militantes, entusiasmados por conseguir la amnistía y liberar a los presos y resolver cuentas pendientes con la reacción.El hecho de que el Partido Socialista estuviese en la práctica escindido en un ala de derechas, Julián Besteiro, Indalecio Prieto, y una fuerte corriente de izquierdas encabezada por Largo Caballero, que las Juventudes Socialis-tas aumentaran constantemente en militancia, o que la CNT volviera a reorganizarse y captase el apoyo de cientos de miles de obreros y jornaleros, suponía un grave inconveniente para aquellos que querían someter a los trabajadores al veto político de los partidos republicanos. Las masas ya habían tratado con Azaña, Giral y otros republicanos "progresistas". Sabían cual sería su actitud frente a sus reivindicaciones y su tolerancia con los reaccionarios.El Frente Popular fue apoyado entusiástamente por los trabajadores en cada rincón del país, no tanto por el contenido de su programa, como porque con su victoria podrían lograr con rapidez sus aspiraciones más inmediatas, y el resultado fue un triunfo aplastante para las listas del Frente Popular. Muchos en sus filas comprendían lo que esto significaba:"Con toda mi alma", hablaba confidencialmente Manuel Azaña el 14 de febrero a Ossorio y Gallardo, "quisiera una votación lucidísima, pero de ninguna manera ganar las elecciones. De todas las soluciones que se pueden esperar, la del triunfo es la que más me aterra".Para Azaña, de "todas las soluciones" la que más le aterraba era el triunfo del Frente Popular, no tanto por el contenido de su programa, sino por la interpretación que del triunfo harían las masas de obreros y campesinos.El triunfo de las listas del Frente Popular fue tan arrollador que muchos líderes reaccionarios como Lerroux o Romanones perdieron su acta de diputado. De los 453 diputados elegidos, 257 eran del Frente Popular, pero mirados más de cerca los resultados, sorprende que de esos diputados, 162 tuvieran filiación republicana. Los partidos obreros, también cedieron a los republicanos los puestos de salida en las listas aunque su aportación electoral no se pudiese comparar ni remotamente con la que hacían los partidos y sindicatos de izquierda.En cualquier caso las masas no esperaron a la acción "legislativa" del parlamento para imponer por la fuerza de los hechos sus puntos de vista.Entre febrero y julio de 1936, hubo 113 huelgas generales y 228 huelgas parciales en las ciudades y pueblos de toda España.A pesar de todas las resistencias de los líderes del Frente Popular que intentaron aplacar la voluntad de la población, el primer acto de los trabajadores en todos los rincones del país, fue liberar a los presos, abriendo las cárceles sin esperar las órdenes del gobierno, todavía sin constituir. Esto indicaba la actitud del proletariado ante el triunfo del Frente Popular.Las huelgas económicas, por aumentos salariales por la readmisión de los despedidos se generalizaron. En las ciudades los comités de acción UGT-CNT ocupaban fábricas y empresas y lograban imponer a los burgueses la readmisión de los despedidos. La situación en el campo se desbordó: "…En las regiones donde domina la propiedad latifundista…", escribe Manuel Tuñón de Lara, "no se trataba de simples alborotos pasionales, sino del impulso irresistible de los hombres sin tierra para conquistarla. El programa del Frente Popular contenía ya la aplicación intensificada de la Reforma Agraria. Ya sabemos cuan mínima había sido esa explicación en sus dos años de vigencia. Ahora, los asalariados de la tierra habían votado al Frente Popular para que su situación mejorase definitivamente, y la República no fuese una palabra hueca en el campo…"."…Los campesinos pasaron rápidamente a la acción: en las provincias de Toledo, Salamanca, Madrid, Sevilla, etc… ocuparon grandes fincas desde los primeros días de marzo y se pusieron a trabajarlas bajo la dirección de sus organizaciones sindicales. Una vez que ocupaban las tierras, lo comunicaban al Ministerio de Agricultura para que legalizase su situación. Este movimiento culminó el 25 de marzo con la ocupación de fincas realizada al mismo tiempo por ochenta mil campesinos en las provincias de Bajadoz y Cáceres…"."…Según datos del Instituto de Reforma Agraria, de febrero a junio se ocuparon 232.199 hectáreas, en las que fueron asentadas 71.919 familias campesinas, superficie todavía poco considerable, pero mucho mayor que la que había sido objeto de la reforma durante los precedentes años de régimen republicano…".La decisión de las masas de ir hasta el final era firme. Si el Partido Socialista o el PCE hubieran tenido una política marxista basada en un programa revolucionario que plantease abiertamente la toma del poder; la nacionalización de las fábricas y la banca bajo control democrático de los trabajadores, la expropiación de los terratenientes y la entrega de la tierra a los campesinos a través de cooperativas colectivas para su explotación, la formación de consejos de obreros y campesinos para ejercer el control y la democracia política, el derecho de autodeterminación para las nacionalidades históricas, la independencia para las colonias (especialmente Marruecos), en definitiva un programa como el de Lenin y los bolcheviques en 1917, hubieran encontrado el respaldo unánime de la clase obrera y de los jornaleros, de la mayoría aplastante de la población. Este programa unido a la defensa de la revolución a través de la formación de milicias obreras y de un llamamiento internacionalista a los trabajadores y los pueblos de Europa y del mundo a defender la revolución española iniciando la revolución socialista en sus países, hubiera transformado toda la situación en España y en Europa.Alguno podría objetar: "un programa así hubiera provocado la respuesta armada de la reacción". Nosotros contestamos: la reacción ya había tomado una decisión firme de aplastar militarmente el peligro revolucionario. El fascismo era una amenaza tan real que sólo con los métodos de la revolución socialista podría esperarse la victoria.

 

 Hacia la guerra civil

 Azaña fue elegido presidente del gobierno republicano y una mayoría de miembros de los partidos republicanos coaligados en el frente popular coparon las carteras ministeriales. ¿Qué hicieron durante los primeros meses?Azaña y compañía intentaron restablecer el equilibrio, pero era demasiado tarde. Rearmando a los guardias de asalto, dando instrucciones concretas a la guardia civil, el gobierno Azaña intentó reprimir el movimiento de las masas y logró que las cárceles, vacías de presos políticos, tras las primeras jornadas de febrero, fueron llenándose con militantes sindicalistas y anarquistas.La burguesía ya había decidido la partitura que interpretaría, y si había alguna duda, los acontecimientos de febrero la convencieron definitivamente.Calvo Sotelo, Goicoechea y otros líderes del Frente Nacional proclamaron "la urgencia de coordinar las fuerzas contrarrevolucionarias para una eficaz defensa del orden social".Los tradicionalistas continuaban su rearme con vistas al alzamiento militar, y fue precisamente entre los militares donde las maniobras se aceleraban: "Lo que está fuera de duda es que, pocos días después de la formación del gobierno de Azaña y cuando ya Franco había sido destinado a la división militar de Canarias, se celebró una reunión de generales en casa de Delgado Barreto, a la que asistieron los generales Franco, Mola, Orgaz, Varela, González Carras-co, Rodríguez del Barrio y el teniente coronel Valentín Galarza para acordar un alzamiento que restableciera el orden en el interior, y el prestigio internacional de España…"(14).Todo este movimiento de sables que contaba con el respaldo de la burguesía, no permanecía secreto dentro de las paredes de las casas de oficiales y cuartos de bandera. Eran constantes los rumores y las informaciones que revelaban la existencia de estos planes. A finales de Marzo se tuvieron noticias del viaje del General Sanjurjo a Berlín para contactar y establecer acuerdos secretos con líderes nazis. ¿Qué hizo el democrático gobierno, presidido por el progresista Azaña?El Ministro de Guerra, Maisquelet para tranquilizar a la opinión pública y en concreto a la población obrera alarmada ante los signos evidentes de que la contrarrevolución se ponía en marcha, declaró oficialmente: "El Ministro de Guerra se honra en hacer público que toda oficialidad y clases del ejército español, desde los empleos más altos a los más modestos, se mantienen dentro de los límites de la más estricta disciplina, dispuestos en todo momento al cumplimiento exacto de sus deberes y __no hay que decirlo__, a acatar las disposiciones del gobierno legalmente constituido".Pero a Azaña le parecía insuficiente la declaración y destinó al General Mola a Pamplona, donde el 14 de marzo se hizo cargo del gobierno militar y del mando de la 12 brigada de infantería. ¡Mola, el mismo reaccionario que se había destacado siempre por su disposición a la represión, ya fuera bajo la Monarquía o con la República!.Así era como defendían la legalidad republicana los republicanos progresistas, ascendiendo, mimando y favoreciendo a los militares reaccionarios.En la calle las bandas de matones fascistas de la Falange se encargaban de intimidar a los obreros y atacar los locales de los partidos y los sindicalistas de izquierda.La primera Junta de generales compuesta por Franco, Mola, González de Lara, González Carrasco, Goded, Varela, Orgaz, Saliquet y Rodríguez del Barrio, funcionaba desde abril, y es muy probable que los preparativos del alzamiento armado se hubieran fijado para abril.La reacción del movimiento obrero, consciente de los preparativos contrarrevolucionarios no se hizo esperar, aunque, hay que subrayarlo, los líderes de los partidos obreros coaligados a los republicanos en el frente popular no habían previsto más que apoyar lealmente al gobierno de Azaña.El 1º de Mayo de 1936 la manifestación de Madrid fue una impresionante demostración de fuerza de la clase obrera: más de medio millón de personas desfilaron tras las banderas socialistas, comunistas, de la UGT y de las Juventudes Socialistas Unificadas.El 1 de abril, en un proceso rapídisimo, las Juventudes Socialistas dirigidas por Santiago Carrillo y Federico Melchor y los comunistas por Fernando Claudín acordaron unificarse con el nombre de JSU. El proceso iniciado a finales de 1933 acabó con la absorción de las Juventudes Socialistas por las pequeñas fuerzas del estalinismo.Lo cierto es que los batallones de la juventud socialista ampliaron extraordinariamente la base militante del PCE. Miles de jóvenes apoyaron abiertamente la nueva política del estalinismo, pensando paradójicamente que así defen-dían mejor la revolución, la lucha por el socialismo y el comunismo. Esta lección de la vida a aquellos sectarios que se negaron a trabajar codo con codo con los jóvenes socialistas, porque eran parte de una "organización reformista", también es válida para aquellos que hoy rechazan defender las ideas del marxismo en las organizaciones obreras porque sus dirigentes "derechistas" aceptan el capitalismo. Una y otra vez cuando las masas entran en acción, despiertan a la vida revolucionaria, lo hacen a través de sus organizaciones tradicionales, construidas con sacrificio, cárcel y represión, y lo hacen con todos sus prejuicios y cautelas. Sólo las abandonan en condiciones excepcionales, revolucionarias, y a condición de que en ese período se haya forjado una dirección alternativa que gane en la práctica la autoridad y el apoyo consciente y militante de los obreros más avanzados.Mientras tanto Azaña fue nombrado Presidente de la República con los votos del Frente Popular y de los republicanos de derecha, Lliga Catalana, nacionalistas vascos, centristas, agrarios, radicales… tan solo la CEDA votó en blanco. El gobierno formado inmediatamente, con Casares Quiroga como presidente volvía a ser exclusivamente republicano: "…más débil que el anterior, un gobierno más de abogados y profesores, presa de todo género de vacilaciones y temeroso de verse desbordado por el empuje popular", señala Tuñón de Lara.Así se concretaba la táctica del Frente Popular por los dirigentes estalinistas y reformistas del PSOE: Dejar hacer a la "burguesía progresista republicana" para no atemorizar a las capas medias. Este era el programa que teóricamente enterraría al fascismo, la alternativa de la III Internacional al avance de la contrarrevolución.Mientras tanto la junta de generales utilizaba el aparato clandestino de la UME y preparaban los planes de levantamiento. Los generales estrecharon la coordinación con Falange y los carlistas tradicionalistas. Para junio los jefes militares ya estaban designados: Queipo de Llano en Andalucía, Cabanellas en Aragón, Saliquet en Valladolid, González Carrasco en Cataluña, Goded en Valencia, Villegas en Madrid, Franco en Africa y Mola en Navarra y Burgos.La violencia de los falangistas continuó increscendo en los día previos al levantamiento. El 12 de julio el teniente de Guardias de Asalto, José del Castillo, caía asesinado por pistoleros falangistas. Era el último de una larga lista. En respuesta Calvo Sotelo, el diputado de la reacción fue secuestrado y muerto por un grupo de guardias de asalto.

 

 El levantamiento militar

 Los planes de la contrarrevolución se desarrollaban con el pleno conocimiento del gobierno que no hizo nada por impedirlo.El 14 de julio, Mola concentró en el Monasterio de los Escolapios de Irache, a los coroneles jefes de las guarniciones de Pamplona, Logroño, San Sebastián y Estella para impartir instrucciones. El alcalde de esta última localidad al ser informado de la reunión movilizó a la guardia municipal para practicar detenciones y avisó al gobernador civil. Este último telefoneó a Casares Quiroga, Jefe del gobierno del Frente Popular que respondió: "Qué se retire inmediatamente la Guardia, Mola es un republicano leal".El 17 de julio la Guarnición de Marruecos empezando por Ceuta y Melilla comienza el levantamiento, y el resto de las guarniciones militares telegrafiadas por Franco preparan todos los operativos. ¿Cuál fue la respuesta del gobierno? Un operador de radio leal a la república captó todas las comunicaciones de Franco e inmediatamente las transmitió a Casares Quiroga y Azaña, que ya tenían noticias de los combates en Melilla y Ceuta, pero no hicieron nada. Su respuesta a los gobernadores civiles fue tranquilizador: ¡No pasa nada!: "El gobierno declara que el movimiento se limita exclusivamente a ciertas ciudades de Marruecos y que nadie en la península se ha sumado a tan absurda maniobra".El gobierno se niega en redondo a tomar ninguna medida para evitar la extensión del levantamiento. Los ministros republicanos avisados de los preparativos militares, dejan hacer durante 48 horas, a los insurrectos, sin movilizar las fuerzas leales del ejército, ni impartir una sola orden.El levantamiento se extiende a Sevilla, Algeciras, La Línea, Ecija, Cádiz. En Pamplona, Mola se hace rápidamente con el control de la ciudad. Burgos y Valladolid caen pronto bajo el control de los militares fascistas.¿Qué dice el gobierno? "Quien facilite armas sin mi consentimiento será fusilado", proclama Casares Quiroga, mano dura contra las masas obreras que el 18 se echan a la calle para impedir el triunfo de la contrarrevolución, y tolerancia para los fascistas. ¿A quién temía más la "burguesía progresista liberal", fiel aliada del Frente Popular? ¿A los fascistas o a las masas revolucionarias? Hay un viejo dicho católico: por los hechos les conoceréis. Los republicanos en el gobierno se negaban a armar al pueblo, mientras consentían el levantamiento. Ellos podían perder su posición de abogados, sus columnas en los periódicos, sus ingresos como diputados, pero nunca aceptarían un régimen social diferente al capitalismo. La pequeña burguesía republicana se había opuesto siempre, así lo hizo constar en el acuerdo del Frente Popular, a cualquier medida socialista, entonces, ¿por qué iba a armar a los trabajadores y desencadenar el peligro de la revolución?. Lo que ocurrió, narrado por Tuñón de Lara, es un ejemplo vivo de cómo "luchaba" la "progresista burguesía republicana" contra el fascismo: "…Azaña piensa entonces en la solución de compromiso: un gobierno moderado presidido por Martínez Barrio, con participación de Sánchez Román, y dos amigos suyos del Partido Nacional Republicano, que se habían negado a entrar en el Frente Popular… Durante unas horas está formado este gobierno; su ministro de guerra Miaja, telefonea a Mola, que responde que se ha sublevado…"En las calles de Madrid, una multitud cada vez más numerosa, que reclama armas, prorrumpe en gritos de ¡traición!, al correrse la noticia de que Martínez Barrio va a formar un gobierno que parlamente con los sublevados.En este momento se sitúa la controvertida conversación entre Martínez Barrio y Mola. Es casi imposible saber los ofrecimientos que hizo el nombrado jefe del gobierno, conocida es la respuesta que se atribuye a Mola: "No nos es posible señor Martínez Barrio, ustedes tienen sus armas, y yo tengo las mías. Si yo acordara con ustedes una transacción habríamos los dos traicionado a nuestros ideales, a nuestros hombres, mereceríamos antes que nos arrestasen"(15).

parte 3

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